Éramos felices… pues no éramos adinerados, mi esposa Lhea, una maravillosa mujer que me brindaba amor y, con mis dos hijos, Yorge y Lissa, vivíamos en un pueblo, porque hemos preferido el campo.
Trabajaba como agricultor, las cosechas eran buenas y abundantes. En mi pueblo, cada cinco años se tornaba en el Cielo un gran arcoíris, que duraba siete días, cuya leyenda contaba que si llagabas hasta él, encontrarías grandes riquezas.










