En una noche de muchas estrellas y una luna muy brillante, las mejores amigas Amaris y Ayla estaban de pijamada, a ellas les encantaba ver la luna, decían que su brillo era hermoso y que durante la noche las alumbraba.
Eran como hermanas, permanecían solitarias y tenían rasgos muy parecidos pero personalidades diferentes. Ayla acaba de ser adoptada por sus padres y se estaban mudando a la casa de al lado. Contaban con un espacio para ellas ubicado en un tercer piso que unía las dos casas con una ventanilla rectangular en el techo; desde allí tenían la vista perfecta para contemplar la luna justo antes de irse a dormir.










