Hace unos cuantos años una familia se trasladó de la ciudad a una cabaña que tenían cerca de un bosque. La pequeña hija llamada Coral estaba muy feliz porque a ella le encantaba escuchar el canto de las aves, sentir el dulce y suave aroma de las rosas, el delicado paso del viento por sus mejillas y su cabello; sobre todo, inspirarse en el hermoso paisaje, pues soñaba con ser escritora y poeta.










