En Caracolí, cinco hermanos que se querían mucho; tenían ¡súper poderes! Martín Elías, el mayor se tragaba el agua del mar. El segundo, llamado Cesarini, era sólido como el acero. El tercero, Alexis, podía estirar sus extremidades a leguas. Carlos, era resistente al fuego y, Jesús, podía mantener la respiración por días. Eran tan parecidos que parecían cinco goticas de agua.
Un día Martín Elías, fue invitado por un amigo a pescar. A lo que respondió – No tengo atarraya- . El chico le dijo –conozco tu poder-. El muchacho aceptó. Le recomendó que cuando él le hiciera una señal, debía salirse inmediatamente. Al llegar al mar y empezó a succionar el agua, su amigo quedó asombrado de las maravillas: cucarachas, peces dorados, ostras… a Martín, ya le dolía el estómago y le hizo la señal a Diego, pero éste estaba tan maravillado que no se percató. Al soltar el agua, su compañero se ahogó. Martín fue sentenciado a ser decapitado. En su último deseo, pidió ir a despedirse de su madre. Lo acompañó un guardia, que lo esperaba afuera. Entonces Cesarini, se puso la ropa de su hermano sentenciado y se fue al juicio. Su cuello destrozó el hacha del verdugo.










