Hace ya mucho tiempo, en una hermosa vereda, había un exuberante bosque llamado Verderin, en el cual reinaba la naturaleza en todo su esplendor: árboles gigantes llegaban hasta el cielo formando una cubierta verde que filtraba los rayos del sol y creaba un juego de luz y sombra en todo el paisaje; en especial en el río; la diversidad de plantas y animales inundaba de paz todo el lugar.
En el corazón de este bello bosque habitaba un sabio abuelo llamado King: sus inmensas ramas se extendían en todas las direcciones creando un refugio sagrado para muchas criaturas, que buscaban siempre su protección, él había sido testigo del nacimiento y la muerte de innumerables seres durante muchos años y conservaba en su memoria las historias de todas sus generaciones.
Cierto día don King entró en una gran tristeza porque unos seres despiadados entraron al bosque y con toda clase de elementos destructores derrumbaron parte de aquel hermoso lugar. Talaron a varios de sus hijos y nietos sin compasión alguna. Muchos de los animales perdieron sus hogares y murieron. Pero pasó algo muy especial ese día. Andrés, uno de los despiadados hombres, tuvo una gran revelación en un sueño.










