Aquel hombre estaba allí, sentado en medio de la nada, en un silencio escalofriante y vacío; era en ese momento de destierro en el que cientos de recuerdos invadían su mente; ahí estaba su pequeña Magi, quien no lo dejaba pensar en otra cosa.
No era para menos, Magi cumplía diez años y no lo veía hace unos meses. Andy no pudo permanecer con sus ojos secos, que comenzaron a inundarse gota a gota hasta que llegó a ser una gran cascada, en esa basta selva que lo miraba como un completo desconocido.










