La vida de Juan era un asco, pues sus padres nunca estaban en la casa. Él era un niño solo, sin amigos y sin nadie con quien hablar ni desahogarse. Se preguntaba mil veces cual era el sentido de su vida sin encontrarle respuesta a ese gran interrogante que para muchos era una tontería, pero para él era una necesidad resolverlo.
Un día, iba directo a su escuela muy furioso consigo mismo, con su vida porque estaba cansado de que todos se burlaran de él por una joroba que tenía. De lo molesto que estaba, pateaba todo lo que se encontraba en el camino, a todos le salía con groserías.










