Juan, el que ama a sus hijos, el que poca infancia tuvo, el mismo que jornaleando y recogiendo café levantó lo suyo; aunque me pregunto ¿qué ha levantado aparte de sus hijos? ¿Serán acaso las cuatro paredes donde caben dos camas, medio baño y una estufa de dos fogones?
Todos los 15 a las seis de la mañana un don toca la puerta, con serenidad saluda pero su buen humor se trunca por la cara de pena que le presenta Juan, el don estalla de ira: ¡a mí no me interesa! Juan con su vista al suelo pide unos días, solo unos días.










