Hace mucho tiempo, en una aldea del oriente de India vivía un campesino apasionado por los cultivos que le ofrecían sus tierras, en cada periodo de recolecta bajaba al pueblo más cercano con el fin de vender sus productos.
Para este tiempo la cosecha de arroz ya estaba lista, en la que él y su esposa habían estado trabajando con tanto esmero. Su mujer le pidió que, aprovechando el viaje, no se olvidase de traerle un peine. El hombre llegó a la ciudad y una vez allí vendió la cosecha. Tras hacerlo, se encontró y reunió con varios compañeros y se pusieron a beber y a celebrar lo conseguido. Después de ello, y aún un poco desorientado, el campesino recordó que su esposa le había pedido que le llevara algo. Sin embargo el campesino por más esfuerzo que hizo no recordaba que era, con lo que acudió a una tienda y compró el producto que más le llamó la atención. Se trataba de un espejo, con el cual regresó a su hogar. Tras dárselo a su esposa, se marchó de nuevo a trabajar en el campo.










