Un día, se despertó sin ninguna inspiración; sentía el alma vacía, el corazón aletargado, todo aquello que antes le ilusionaba escribir, invertir, pensar, se volvió indiferente para él.
Pensaba en que tenía muchos compromisos aún, cientos de cuentos por entregar y nada que le diera una razón para escribir, después de intentarlo muchas veces, con el piso lleno de hojas llenas de letras pero con ningún sentido.










