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Crónica - 26 enero, 2019

Las KZ, una historia que no se deja de escribir en el carnaval

La KZ Aguardiente Antioqueña es la más grande de Valledupar, puesto que logra reunir al rededor de cinco mil vallenatos y foráneos amantes del carnaval.

Todos los sábados de carnaval desde las 8:00 p.m., inicia el derroche de maicena en la tradicional KZ La Cañahuatera.
Todos los sábados de carnaval desde las 8:00 p.m., inicia el derroche de maicena en la tradicional KZ La Cañahuatera.

Entre música carnavalera y vallenata los días de carnaval las más reconocidas casetas o KZ de Valledupar abren sus puertas para dejar fluir el jolgorio, abrazar el placer, vivir la dicha del desorden y escapar de lo ordinario.

En las calles de la capital del Cesar, desde finales de diciembre se comienza hablar de las KZ, un tema que viene con el viento del carnaval. Desde el 20 de enero hasta el martes, antes del miércoles de ceniza, lo cotidiano pasa a un segundo plano.

Parece que en Valledupar, desde los años 60, todos los vallenatos dejan fluir el jolgorio, abrazan el placer, viven la dicha del desorden y escapan de lo ordinario para vivir lo extraordinario en medio de máscaras, disfraces, las capuchonas y los bailes en los famosos salones que hoy son las sonadas KZ. No pasa nada catastrófico, pero sí reina un desorden generado por el afán de la gente que anhela envolverse en la tradición colorida. A eso, tradición y alegría, se le llama carnaval.

Desde los 60 estamos disfrutando de estas festividades. Las primeras KZ se llamaban salones donde traían todas las orquestas que venían al Carnaval de Barranquilla, los comerciantes en este momento lograban traer a estas orquestas a Valledupar donde se daban los más famosos precarnavales. En este momento los comerciantes veían cualquier lote, solicitaban un permiso, lo limpiaban y allí formaban un salón con una enramada”, le contó al PILÓN el presidente del Consejo Principal de Cultura, Carlos Humberto Maldonado Peña.

KZ La Cañahuatera

Entre los callejones del barrio Cañaguate salían disfrazados o vestidos de colores y con un montón de perendengues, bajo la premisa “entre más, mejor”, solo para llegar temprano a los salones de gran renombre en los días de carnavales en el Valle del Cacique Upar. Los primeros en abrir sus puertas fueron: Salón Baile del hotel Welcome, Salón Caribe que luego sería Teatro Caribe, Salón Central, Salón Rancho Grande que luego se llamaría La Pollera Colora y después La Cumbia, Salón Nuevo Ritmo, Salón Brasilia que a lo años se convirtió en Macondo. Los lotes y parqueaderos que se convertían por los 40 días del precarnaval en los sitios más visitados por los cesarenses y guajiros pronto pasaron de salones a KZ.

Según el coreógrafo Maldonado Peña, después de un tiempo Víctor Cohen Salazar, dueño de Salón Baile se reinventó y abrió KZ Internacional Broadway, con la que se disparó el vallenato y entonces ya no solo eran orquestas sino además cantantes y acordeoneros los que amenizaban los carnavales, entre ellos estuvo Alfredo Gutiérrez.

Fue así como en los años 70 se popularizaron las KZ del carnaval de Valledupar y todos los eventos abrazados al escándalo y la alegría, pues todo ese desorden no es sino para pasar un buen rato. El desarrollo de las más carnestoléndicas fiestas tomó más fuerza cuando un 4 de mayo de 1979 el Concejo Municipal aprobó el Proyecto de Acuerdo 002 en el cual se establecía una Junta Permanente del Carnaval con personería jurídica y autonomía administrativa.

“En estas primeras juntas estaban Víctor Cohen Salazar, Rodolfo Campo Soto, Sanín Murcia, Cesar Maestre, Alberto ‘Toño’ Sagbini, Efraín Lacera, Álvaro Muñoz Vélez, Rodrigo Tovar y Rodrigo Tovar Pupo, Adalberto Verdecía, Carlos Vidal Brugés, Jaime Olivella, Orlando Torres. Yo andaba con ellos en el carro recorriendo los barrios, animando las comparsas, las carrozas articuladas y la concentraciones de carnaval los domingos”, indicó entre risas y alegría Maldonado Peña.

Las callejones angostos y tradicionales del barrio Cañaguate cuentan las historias a susurros de la KZ La Cañahuatera, así como el barrio Guatapurí, el de la KZ La Pata Pelá; en el San Joaquín, el de la KZ Lucero Espiritual; el Dangond, el de la KZ Las Tapas; y los Fundadores, la de la KZ Baila Conmigo; luego llegó la KZ Viajera llamada la Matecaña y la última fue la KZ Aguardiente Antioqueño, la cual todavía abre sus puertas en algunas ocasiones. Bailes donde se curan todos los dolores y se olvidan los problemas, propios y ajenos. Da igual si al final terminan por multiplicarse, lo importante es gozarse el momento. Ya habrá tiempo de preocuparse.

“No hay con qué comparar cuando hace 40 años se abrieron las puertas de la KZ La Cañahuatera, la cual empezó mi padre Carlos Redondo Guillen, contrató a Emilio Oviedo quien le cobró a mi papá 10 pesos para tocar en el baile y mi mamá Rosa Antonia Vega y yo vendíamos guarapo de cola y chichas de arroz por 30 y 50 centavos. En esos momentos nos daba los permisos Manuel German Cuello Gutiérrez. Este fue el inicio de La Cañahuatera”, dijo Carlos Enrique Redondo Vega, fundador de esta KZ.

Asimismo, Redondo Vega indicó que durante los siete años en los que él administró la más famosa KZ de Valledupar, se consolidó en la costumbre popular. “Durante los siete años que la administré en época de carnaval yo solo ponía picó y abríamos desde la 8:00 a.m., hasta las 4:00 p.m., y luego de 8:00 p.m., a 3:00 a.m. En el día poníamos una enramada y en la noche la quitábamos; las botellas de whisky las vendíamos en 65 mil pesos”, contó.

Una noche en KAZ es un momento en el que no importa lo que haya pasado o lo que pasará, sino el goce que se pueda sentir. El desorden que se tenga que vivir, antes, durante y después de la fiesta, está bien si es para fines del placer. Es un escape las peripecias de la vida.

LA NUEVA ERA DE LAS KZ

“Durante estos días salían las capuchonas con sus máscaras y cascabeles, mujeres que llegaban a las KZ y no sabíamos quiénes eran pero disfrutábamos el buen baile con ellas. Durante años fui parte de la Junta del Carnaval, llegamos todos los que hoy tenemos 70 años, entramos en la administración de Aníbal Martínez Zuleta llegó la nueva generación del carnaval quienes trabajamos años por el desarrollo de estas fiestas que hoy se han perdido puesto que el último alcalde que apoyo el carnaval fue Fredys Socarras Reales”, narró Jorge Luque Soto, con carpetas e imágenes en mano donde sus ojos se iban fascinados recordando los mejores días de los carnavales.


Con el Decreto 0004 de enero del 2015, se autorizaron las KZ, pero luego empezaron a trastabillar por las conductas violentas de los asistentes. Sin embargo los vallenatos amantes de la cultura, de los colores, de tambores y ‘mamadera de gallo’ quienes se niegan a dejar de disfrutar las fiestas carnestoléndicas decidieron seguir adelante con esta tradición. Es por esto que personajes como José Jorge Pérez retomaron hace ocho años la bandera de las KZ con la apertura de La Cañahuatera, que reabrió las puertas de las fiesta de los dioses Momo y Bacco; con una taquilla de más 500 personas inició la nueva era de la KZ.

“Iniciamos cobrando siete mil pesos, luego no logré que me siguieran alquilando el lote y reabrí Los Tamarindos que da formalidad desde la lectura del bando y sábado a sábado abre el telón con orquestas y cantantes vallenatos por solo 10 mil pesos todo por el carnaval”, explicó Pérez, empresario de eventos.

Cuando se escuchan a los grandes artistas del carnaval en las calles, inician los saludos gritados de nuestra cultura y la pregunta: ¿Pa´cuál KZ vas este sábado de carnaval? Es que los vallenatos tienen de donde escoger, puesto que aún suenan la KZ La Cañahuatera, Baila Conmigo, Los Tamarindos, La Batea y La Pela Viejo, son las cinco que hasta hoy la Secretaría de Gobierno Municipal ha autorizado de las nueve que han solicitado permiso. “Deben tener pólizas, deben tener los impuestos al día de cultura y predial, deben someterse a una visita de todo un equipo interdisciplinario que debe ver el plan de contingencia para darles permisos de funcionar”, indicó Gonzalo Arzuza, secretario de Gobierno Municipal.

Por MAIRA MANOSALVA/ EL PILÓN
[email protected]

Crónica
26 enero, 2019

Las KZ, una historia que no se deja de escribir en el carnaval

La KZ Aguardiente Antioqueña es la más grande de Valledupar, puesto que logra reunir al rededor de cinco mil vallenatos y foráneos amantes del carnaval.


Todos los sábados de carnaval desde las 8:00 p.m., inicia el derroche de maicena en la tradicional KZ La Cañahuatera.
Todos los sábados de carnaval desde las 8:00 p.m., inicia el derroche de maicena en la tradicional KZ La Cañahuatera.

Entre música carnavalera y vallenata los días de carnaval las más reconocidas casetas o KZ de Valledupar abren sus puertas para dejar fluir el jolgorio, abrazar el placer, vivir la dicha del desorden y escapar de lo ordinario.

En las calles de la capital del Cesar, desde finales de diciembre se comienza hablar de las KZ, un tema que viene con el viento del carnaval. Desde el 20 de enero hasta el martes, antes del miércoles de ceniza, lo cotidiano pasa a un segundo plano.

Parece que en Valledupar, desde los años 60, todos los vallenatos dejan fluir el jolgorio, abrazan el placer, viven la dicha del desorden y escapan de lo ordinario para vivir lo extraordinario en medio de máscaras, disfraces, las capuchonas y los bailes en los famosos salones que hoy son las sonadas KZ. No pasa nada catastrófico, pero sí reina un desorden generado por el afán de la gente que anhela envolverse en la tradición colorida. A eso, tradición y alegría, se le llama carnaval.

Desde los 60 estamos disfrutando de estas festividades. Las primeras KZ se llamaban salones donde traían todas las orquestas que venían al Carnaval de Barranquilla, los comerciantes en este momento lograban traer a estas orquestas a Valledupar donde se daban los más famosos precarnavales. En este momento los comerciantes veían cualquier lote, solicitaban un permiso, lo limpiaban y allí formaban un salón con una enramada”, le contó al PILÓN el presidente del Consejo Principal de Cultura, Carlos Humberto Maldonado Peña.

KZ La Cañahuatera

Entre los callejones del barrio Cañaguate salían disfrazados o vestidos de colores y con un montón de perendengues, bajo la premisa “entre más, mejor”, solo para llegar temprano a los salones de gran renombre en los días de carnavales en el Valle del Cacique Upar. Los primeros en abrir sus puertas fueron: Salón Baile del hotel Welcome, Salón Caribe que luego sería Teatro Caribe, Salón Central, Salón Rancho Grande que luego se llamaría La Pollera Colora y después La Cumbia, Salón Nuevo Ritmo, Salón Brasilia que a lo años se convirtió en Macondo. Los lotes y parqueaderos que se convertían por los 40 días del precarnaval en los sitios más visitados por los cesarenses y guajiros pronto pasaron de salones a KZ.

Según el coreógrafo Maldonado Peña, después de un tiempo Víctor Cohen Salazar, dueño de Salón Baile se reinventó y abrió KZ Internacional Broadway, con la que se disparó el vallenato y entonces ya no solo eran orquestas sino además cantantes y acordeoneros los que amenizaban los carnavales, entre ellos estuvo Alfredo Gutiérrez.

Fue así como en los años 70 se popularizaron las KZ del carnaval de Valledupar y todos los eventos abrazados al escándalo y la alegría, pues todo ese desorden no es sino para pasar un buen rato. El desarrollo de las más carnestoléndicas fiestas tomó más fuerza cuando un 4 de mayo de 1979 el Concejo Municipal aprobó el Proyecto de Acuerdo 002 en el cual se establecía una Junta Permanente del Carnaval con personería jurídica y autonomía administrativa.

“En estas primeras juntas estaban Víctor Cohen Salazar, Rodolfo Campo Soto, Sanín Murcia, Cesar Maestre, Alberto ‘Toño’ Sagbini, Efraín Lacera, Álvaro Muñoz Vélez, Rodrigo Tovar y Rodrigo Tovar Pupo, Adalberto Verdecía, Carlos Vidal Brugés, Jaime Olivella, Orlando Torres. Yo andaba con ellos en el carro recorriendo los barrios, animando las comparsas, las carrozas articuladas y la concentraciones de carnaval los domingos”, indicó entre risas y alegría Maldonado Peña.

Las callejones angostos y tradicionales del barrio Cañaguate cuentan las historias a susurros de la KZ La Cañahuatera, así como el barrio Guatapurí, el de la KZ La Pata Pelá; en el San Joaquín, el de la KZ Lucero Espiritual; el Dangond, el de la KZ Las Tapas; y los Fundadores, la de la KZ Baila Conmigo; luego llegó la KZ Viajera llamada la Matecaña y la última fue la KZ Aguardiente Antioqueño, la cual todavía abre sus puertas en algunas ocasiones. Bailes donde se curan todos los dolores y se olvidan los problemas, propios y ajenos. Da igual si al final terminan por multiplicarse, lo importante es gozarse el momento. Ya habrá tiempo de preocuparse.

“No hay con qué comparar cuando hace 40 años se abrieron las puertas de la KZ La Cañahuatera, la cual empezó mi padre Carlos Redondo Guillen, contrató a Emilio Oviedo quien le cobró a mi papá 10 pesos para tocar en el baile y mi mamá Rosa Antonia Vega y yo vendíamos guarapo de cola y chichas de arroz por 30 y 50 centavos. En esos momentos nos daba los permisos Manuel German Cuello Gutiérrez. Este fue el inicio de La Cañahuatera”, dijo Carlos Enrique Redondo Vega, fundador de esta KZ.

Asimismo, Redondo Vega indicó que durante los siete años en los que él administró la más famosa KZ de Valledupar, se consolidó en la costumbre popular. “Durante los siete años que la administré en época de carnaval yo solo ponía picó y abríamos desde la 8:00 a.m., hasta las 4:00 p.m., y luego de 8:00 p.m., a 3:00 a.m. En el día poníamos una enramada y en la noche la quitábamos; las botellas de whisky las vendíamos en 65 mil pesos”, contó.

Una noche en KAZ es un momento en el que no importa lo que haya pasado o lo que pasará, sino el goce que se pueda sentir. El desorden que se tenga que vivir, antes, durante y después de la fiesta, está bien si es para fines del placer. Es un escape las peripecias de la vida.

LA NUEVA ERA DE LAS KZ

“Durante estos días salían las capuchonas con sus máscaras y cascabeles, mujeres que llegaban a las KZ y no sabíamos quiénes eran pero disfrutábamos el buen baile con ellas. Durante años fui parte de la Junta del Carnaval, llegamos todos los que hoy tenemos 70 años, entramos en la administración de Aníbal Martínez Zuleta llegó la nueva generación del carnaval quienes trabajamos años por el desarrollo de estas fiestas que hoy se han perdido puesto que el último alcalde que apoyo el carnaval fue Fredys Socarras Reales”, narró Jorge Luque Soto, con carpetas e imágenes en mano donde sus ojos se iban fascinados recordando los mejores días de los carnavales.


Con el Decreto 0004 de enero del 2015, se autorizaron las KZ, pero luego empezaron a trastabillar por las conductas violentas de los asistentes. Sin embargo los vallenatos amantes de la cultura, de los colores, de tambores y ‘mamadera de gallo’ quienes se niegan a dejar de disfrutar las fiestas carnestoléndicas decidieron seguir adelante con esta tradición. Es por esto que personajes como José Jorge Pérez retomaron hace ocho años la bandera de las KZ con la apertura de La Cañahuatera, que reabrió las puertas de las fiesta de los dioses Momo y Bacco; con una taquilla de más 500 personas inició la nueva era de la KZ.

“Iniciamos cobrando siete mil pesos, luego no logré que me siguieran alquilando el lote y reabrí Los Tamarindos que da formalidad desde la lectura del bando y sábado a sábado abre el telón con orquestas y cantantes vallenatos por solo 10 mil pesos todo por el carnaval”, explicó Pérez, empresario de eventos.

Cuando se escuchan a los grandes artistas del carnaval en las calles, inician los saludos gritados de nuestra cultura y la pregunta: ¿Pa´cuál KZ vas este sábado de carnaval? Es que los vallenatos tienen de donde escoger, puesto que aún suenan la KZ La Cañahuatera, Baila Conmigo, Los Tamarindos, La Batea y La Pela Viejo, son las cinco que hasta hoy la Secretaría de Gobierno Municipal ha autorizado de las nueve que han solicitado permiso. “Deben tener pólizas, deben tener los impuestos al día de cultura y predial, deben someterse a una visita de todo un equipo interdisciplinario que debe ver el plan de contingencia para darles permisos de funcionar”, indicó Gonzalo Arzuza, secretario de Gobierno Municipal.

Por MAIRA MANOSALVA/ EL PILÓN
[email protected]