22 abril, 2019

La tierra y la lucha de los indígenas por preservarla

La Sierra Nevada de Santa Marta y los bosques de la región no se salvan de los efectos del cambio climático. A propósito de la celebración del Día de la Tierra este lunes 22 de abril, es importante destacar la relación entre la tierra, las comunidades ancestrales y las ciudades.

No cabe duda de que la Sierra Nevada de Santa Marta es el tesoro natural más importante de la región y uno de los más importantes del país. Y es justo el Cesar uno de los tres departamentos privilegiados con sus bosques y pueblos ancestrales, exactamente cuatro: arhuacos, koguis, wiwas y kankuamos.

En una disputa que viene de años atrás, los indígenas y colonos se han enfrentado por el uso de la tierra en esta zona del país. “Es un tema que toca analizarlo en la historia, esto es cómo han cambiado los actores con intereses sobre nuestro territorio. Por la década de los 80 estuvo la lucha por recuperar tierras que estaban en manos de terratenientes. Ese fue nuestro primer ejercicio. Hoy en día la lucha no es con esos grandes terratenientes, sino contra las actividades industriales, la minería, la intención de explotar hidrocarburos”, señala Norey Maku Quigua, gunamu (miembro) del pueblo arhuaco.

Por medio del Decreto 1500 del 6 de agosto de 2018 se redefinió el territorio ancestral de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada. Entre polémicas, quedaron establecidos los espacios sagrados dentro de la Línea Negra. En el decreto se incluyeron puntos sagrados incluso dentro de ciudades como Valledupar y varios municipios del Cesar, La Guajira y Magdalena. Sin embargo, se señaló que del aproximado de 1.700.000 hectáreas que abarca la sierra, menos del 5 % de ese territorio quedó en resguardos.

Fueron tres los resguardos establecidos: Kogui-Malayo-Arhuaco, Kankuamo y Arhuaco. El problema es el espacio que está entre los tres resguardos indígenas y la Línea Negra, el cual ha sido sinónimo de luchas entre las comunidades indígenas y las industrias.

“Los resguardos tienen una protección jurídica que nos da una propiedad colectiva. El gran riesgo está entre la Línea Negra que delimita el territorio y los resguardos: creo que hay más de 200 títulos mineros expedidos”, agrega Norey Maku.

Los mamos, sabios de las comunidades indígenas, enseñan que el estado de la Sierra Nevada de Santa Marta se ve reflejada en la salud general de los pueblos ancestrales: su destino está atado al territorio. “Si la sierra se afecta en actividades extractivas, se afecta la vida física de los cuatro pueblos.

Situaciones como desnutrición, problemas internos, obedecen a los problemas que afectan los territorios”, resume un miembro de la comunidad étnica.

LA TIERRA EN EL CESAR: MINERÍA Y AGRICULTURA

Más allá de la importancia de la minería, en el Cesar el mayor porcentaje del territorio es usado para la agricultura. Dentro de la expansión comercial las comunidades ancestrales y los empresarios han encontrado algunas oposiciones en las formas.

“El Cesar tiene que seguir apostándole a esa gran plataforma que es el agro, con encadenamiento y generación de valor, y que ojalá todo termine en una agroindustria respetable y sostenible con el medio ambiente”, señala el secretario de Agricultura Departamental, Carlos Eduardo Campo.

Se calcula que el Cesar tiene alrededor de 1.491.000 hectáreas de frontera agrícolas, la mayoría de esas hectáreas son irrigadas tanto superficialmente como de forma subterránea por los acuíferos que nacen en la Sierra Nevada y en la serranía del Perijá.

No obstante, en esa tradición agrícola los indígenas denuncian atropellos históricos. “El despojo territorial conduce a que las tierras se manejen de otra manera. Por ejemplo, el despojo en los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta estuvo guiada por la adicción económica. El agricultor lo ve como un desarrollo económico, el pueblo indígena ve el territorio como algo destinado a proteger”, argumenta Leonor Zalabata Torres, líder de la comunidad arhuaca.

Y es que cada día, el uso de la tierra cobra relevancia por los retos que implica el cambio climático. De allí, asegura el secretario de Agricultura, nacen las estrategias e inversiones del departamento para hacer más sostenibles cultivos como la palma de aceite, el café o la ganadería, los más acusados de modificar la naturaleza del suelo.

“Hemos venido articulando todo un programa de educación ambiental para los palmicultores, agricultores y ganaderos, con el fin que cada día se mitiguen los efectos del cambio climático. Las actividades comienzan por compromisos, por ejemplo, el uso responsable del recurso hídrico”, agrega por su lado el secretario de Ambiente del Cesar, Andrés Arturo Fernández.
Se calcula que aproximadamente el 70% de todas las aguas extraídas de los ríos, lagos y acuíferos se utilizan para el riego.

Como regulador regional del uso y destinación de esos recursos, juega un papel fundamental la Corporación Autónoma Regional del Cesar, Corpocesar. Fue la entidad por medio del estudio de desertificación de suelos la que permitió que los agricultores conocieran los cultivos que realmente se pueden sembrar en los suelos. “Por primera vez se conoce con objetividad los cultivos habilitados en cada tipo de suelo, además de ello se delimitaron las zonas de protección, por ejemplo, las rondas hídricas de los humedales y los ríos para que presten vocación de servicio ambiental y no de cultivo”, señaló Julio Suárez, director de Corpocesar.

LAS ALTAS TEMPERATURAS

Para los primeros meses del año, las temperaturas golpearon fuerte al Cesar. Las pocas precipitaciones de lluvia por el verano y el fenómeno de El niño incentivaron sensaciones de hasta 39 °C de temperatura.

A propósito del Día de la Tierra este lunes 22 de abril, el aumento de las temperaturas es uno de los asuntos que más preocupa a los ambientalistas. Pero no es un tema solo del Cesar. Según el Servicio de Cambio Climático de Copérnico de la Unión Europea desde el 2016 se vienen registrando temperaturas históricas en el mundo. En el 2018 la temperatura promedio global fue de 14,7 °C. Respecto al 2016, el año más caluroso que se registra desde 1880, bajó solo 0,2 °C.

Las altas temperaturas son el resultado de muchos factores a nivel global. “Las noches en Valledupar eran extremadamente frías. Hoy por hoy la ciudad es extremadamente caliente. He llegado a sitios donde dicen ser calurosos, y les digo que no conocen el infierno. Tenemos infortunadamente dos fogones que son los socavones de las minas a cielo abierto. De allí fluyen micro partículas que van al aire e inciden en las altas temperaturas”, señaló el ambientalista, Miguel Ángel Sierra.

Dentro de las ciudades, la extensión de las urbanizaciones sin discriminación por los árboles o sin pensar en los bosques, crean zonas de calor, acusan los ambientalistas, pero como es un proceso lento y de muchos años tiende a ser ignorado.

En conclusión, del equilibrio en el uso de la tierra depende que factores como el aumento en las temperaturas y las pérdidas de la biodiversidad no representen un obstáculo para el desarrollo normal de las próximas generaciones.

DEIVIS CARO DAZA/ EL PILÓN
defancaro1392@gmail.com