Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta históricamente se han caracterizado por ser pacíficos pese a la intensa violencia que los azotó con grupos guerrilleros y paramilitares.
Como víctimas del conflicto armado han sido resilientes, se han organizado para renacer de las cenizas que dejó la guerra y hoy se erigen en sus territorios como pueblos autónomos y en vía de desarrollo.
Sin embargo, la reciente quema de una kankurúa, sitio sagrado para la toma decisiones políticas y culturales como comunidad, muestra que la violencia puede volver a empañar la vida de esta comunidad étnica, si no se toman medidas la incipiente violencia contra los sitios ceremoniales.





