La situación en La Guajira no es solo un problema local; es una crisis regional que afecta profundamente a los departamentos de Cesar, Magdalena y, por supuesto, a la propia Guajira. Los bloqueos que llevan dos días paralizando vías clave no solo han dejado incomunicado a este departamento, sino que han generado un efecto dominó que está asfixiando el intercambio de bienes, servicios y personas en toda la región. Para el Cesar, la situación es especialmente crítica, ya que la interrupción de las vías afecta directamente la economía, la educación y la vida cotidiana de sus habitantes.
El Cesar depende en gran medida de la movilidad entre departamentos para mantener su dinamismo económico. Los bloqueos impiden el transporte de productos agrícolas, insumos y mercancías, lo que se traduce en pérdidas económicas para comerciantes, agricultores y empresarios. Además, la paralización de las vías afecta a quienes viajan a Venezuela o regresan a Valledupar, incluyendo a estudiantes universitarios que ven truncado su derecho a la educación. Estas interrupciones no solo generan frustración, sino que profundizan la sensación de abandono que históricamente ha marcado a esta región.
Paradójicamente, durante los últimos tres años, bajo el gobierno del presidente Gustavo Petro, quien prometió estar más cerca de La Guajira y atender sus problemáticas históricas, los bloqueos han aumentado de manera significativa. Lejos de disminuir, estas protestas se han vuelto más frecuentes y prolongadas, ahogando a los habitantes de La Guajira y, por extensión, a los de los departamentos vecinos. La falta de respuestas concretas y la ausencia de una estrategia clara para resolver las demandas sociales han dejado a la región en un limbo de incertidumbre y desesperanza.
Es urgente que el Gobierno nacional entienda que los bloqueos no son solo un problema de orden público; son un síntoma de una crisis social y económica que requiere atención inmediata. La instalación de una mesa de diálogo, como se ha prometido en repetidas ocasiones pero nunca se ha concretado, es un primer paso indispensable. Sin embargo, no basta con reuniones y promesas. Se necesitan acciones concretas que aborden las demandas de las comunidades y que permitan desbloquear no solo las vías, sino también el futuro de esta región.
Vaya paradoja. El discurso contra los energéticos fósiles como el gas y el carbón y, en especial, contra Cerrejón -la empresa de la que deriva grandes beneficios económicos y sociales La Guajira- en que se empecinó el gobierno nacional ha hecho carrera envalentonando a unos sectores que boicotean a la empresa; y los proyectos eólicos que tanto puso de ejemplo, como alternativa, se han frustrado entre demandas ciudadanas y señales contradictorias de regulación y desincentivo del alto gobierno. Si este tiene zonas críticas de violencia como el Cauca, Nariño, o el Chocó, los problemas de La Guajira también se han salido de su control. Y ya no solo hay el bloqueo vial y del tramo férreo sino hechos de atentados terroristas contra esa red del ferrocarril inéditos después de casi una década sin este nivel de violencia.
Desde este medio, hacemos un llamado al presidente Gustavo Petro y a su equipo de gobierno para que prioricen la atención a esta crisis. No se puede dejar solo al gobierno departamental. También los alcaldes y dirigencia política en todos los órdenes deben trabajar con el gobernador Aguilar. La Guajira no puede seguir esperando, y el Cesar tampoco. La región necesita soluciones urgentes y efectivas que permitan recuperar la movilidad, reactivar la economía y garantizar el bienestar de sus habitantes. El tiempo de las promesas ha terminado; es hora de actuar.






