18 agosto, 2019

La excursión

El pasado jueves mis amigas y yo pensamos ir de excursión a un bosque cercano a nuestra ciudad. El encuentro seria el viernes a las siete de la mañana, en la plaza del barrio en que vivimos.

Mariana Cárdenas Cervantes

El pasado jueves mis amigas y yo pensamos ir de excursión a un bosque cercano a nuestra ciudad. El encuentro seria el viernes a las siete de la mañana, en la plaza del barrio en que vivimos.

Estábamos todas muy contentas. Fuimos andando por un camino largo y muy ancho hasta llegar al sitio que acordamos. Cuando llegamos eran las nueve de la mañana y nos pusimos a construir nuestra cabaña para toda la semana.

Llevamos mucha comida y música para relajarnos. Terminamos a la una del mediodía, ya se estaba habiendo tarde así que nos pusimos a comer. Aun no habíamos acabado de construir nuestra cabaña, así que al terminar de comer seguimos trabajando en ello.

Una de mis amigas pensó que deberíamos dejar la cabaña por otro rato e irnos a ver lo que había en el bosque. No sabíamos realmente lo que podía pasar.

Decidimos salir ya para que no se nos hiciera mas tarde había muchos caminos así que era muy fácil perderse. En uno de los caminos pusieron un letrero con letras muy grandes “NO PASAR”. Nosotras, al ver eso pensamos en si pasar o no. Una de mis amigas dijo que pasáramos a ver lo que había. Todos fuimos por ese camino; era muy estrecho diferente a los otros. Las ramas de los árboles caían sobre este.

Seguimos andando. A unos pocos kilómetros del camino había un puente para cruzar un lago. El lago parecía no muy hondo, pero el puente estaba muy roto. No queríamos volver atrás, lo peligroso y misteriosos se nos parecía divertido.

Cruzamos por el puente como pudimos por suerte no nos paso nada Seguimos andando y andando. Cuando empezó anochecer dimos la vuelta en dirección a nuestra cabaña. Cuando llegamos al lago el cual no muchos minutos habíamos cruzado, nos sorprendimos mucho. El puente había desaparecido por completo. Toda quedamos boquiabierta. A mí se me ocurrió una idea.

Cogimos los trozos de madera y hojas de la zona y nos pusimos a construir una balsa. El lago no se podía cruzar nadando, nos dimos cuenta de que era hondo, aunque no lo pareciera al principio. Cogimos un palo muy largo e intentamos tocar el suelo con este.  El palo se hundió. Conseguimos cruzar el lago con la balsa. Nos costó mucho llegar a la cabaña porque ya era de noche. Habíamos perdido mucho el tiempo.

Al día siguiente fuimos a una catarata no muy grande que había por ahí. Estuvimos casi todo el día, nos lo pasamos genial, pero al volver la cabaña había desaparecido. Era todo muy raro.

De repente, me caía al vacío. En ese momento me levante de la cama. Todo fue un sueño.

AUTORA: MARIANA CÁRDENAS CERVANTES – COLEGIO RAFAEL VALLE MEZA