Cada vez es más común ver que las administraciones locales le dedican un espacio a su relacionamiento con el exterior, muchas a través de oficinas de relaciones internacionales (ORI) y otras de asesores. En la actualidad hay varias expresiones de diplomacia de ciudades en el país. Existen casos bastante mencionados y exitosos como el de Medellín y recientes como el de Barranquilla, que en los últimos años ha avanzado notoriamente en este terreno.
De esta manera, reuní algunos casos colombianos para conocer qué están haciendo las ciudades de nuestro país en este frente, cómo se relacionan con el exterior desde sus administraciones locales y cuál es la institucionalidad que crearon para delegar esa función.
El primer caso es Bogotá, que no solo alberga embajadas de distintos países, oficinas de multinacionales y de organizaciones internacionales, sino que es una ciudad con presencia de extranjeros de distintas nacionalidades y el principal aeropuerto de Sudamérica. Así, desde 2008, la Alcaldía Mayor de Bogotá institucionalizó el manejo de las relaciones internacionales de la ciudad con la creación de la Dirección Distrital de Relaciones Internacionales. No obstante, desde 2024 es la Alta Consejería para las Relaciones Internacionales la encargada de estos asuntos.
En 2022, la capital, con apoyo del Fondo Global de Ciudades para Migrantes y Refugiados, abrió el primer centro dirigido a mejorar las condiciones nutricionales de niños migrantes y refugiados, mujeres embarazadas y madres lactantes. También, ha recibido el respaldo de la red de ciudades C40 y del Reino Unido para desarrollar proyectos de movilidad sostenible, energía limpia y planificación urbana con un enfoque de equidad e inclusión. El resultado de este trabajo conjunto se materializó con la puesta en marcha de la flota de buses eléctricos La Rolita, la Política Pública de Peatón y un modelo de gobernanza energética urbana.
Otro caso es Medellín, que desde hace más de 20 años logró consolidar en una entidad descentralizada, dentro de su aparato administrativo, la dirección de los asuntos internacionales (ACI Medellín). En este caso el diseño institucional apuntó a la cooperación internacional y la atracción de inversión extranjera directa. La ciudad de la eterna primavera ha logrado capitalizar cuantiosos montos de ayuda para el desarrollo y atraer grandes empresas a la ciudad. De hecho, uno de los casos más relevantes fue la apertura del Centro Global de Servicios Hewlett-Packard (HP) en la ciudad, alineado al proyecto Ruta N, cuyo objetivo es acelerar la innovación y el desarrollo tecnológico.
Entrando al Caribe, se destaca el trabajo de Barranquilla a través de la Oficina de Relaciones Internacionales —adscrita a la Secretaría de Desarrollo Económico—. La Puerta de Oro de Colombia en tan poco tiempo logró montar una estrategia sólida, que se ha materializado en acuerdos de hermanamiento con otras ciudades, atracción de eventos de talla mundial como el Foro de Desarrollo Local de la OCDE 2025 y próximamente la final de la CONMEBOL Sudamericana 2026. También, hay que mencionar su programa de bilingüismo en conjunto con el British Council y el liderazgo en la creación de la Red de Biodiverciudades de América Latina y el Caribe con apoyo de la CAF.
Otra que no se queda atrás es Cartagena, que por medio de la Oficina de Cooperación Internacional ha desarrollado programas como Construyendo con el Agua (Water as Leverage), en conjunto con Países Bajos, para mitigar los impactos del cambio climático en la ciudad. También, fue seleccionada —junto a Cali— para el programa Cities Forward del Departamento de Estado de los Estados Unidos, con el cual la Heroica accedió a asistencia técnica y financiera para el proyecto “Malecón Parque Distrital Ciénaga de la Virgen”. Por otro lado, la ciudad fue beneficiaria de un proyecto de cooperación de tres millones de euros con Italia, para preservar el patrimonio inmaterial de Cartagena, la infraestructura cultural y organizar la economía popular en el centro histórico.
Si situamos la brújula hacia el eje cafetero, encontramos que Manizales desde 2024 cuenta con una Oficina de Internacionalización en la alcaldía. Dentro de los avances de esta se encuentran la aprobación de dos proyectos de cooperación sur-sur, la organización del evento “Diplomacia de ciudad” en 2024, el reconocimiento por el Gobierno de Francia como Ciudad Amiga del Francés y el reconocimiento como Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO.
Justamente, otra ciudad que es reconocida por la UNESCO como ciudad gastronómica es Popayán, desde 2005. Ser parte de esta red de ciudades le ha permitido a la ciudad blanca promover intercambios de estudiantes con otras ciudades como Florianópolis (Brasil) y liderar la creación de la subred de Ciudades Creativas Andinas de Gastronomía, convirtiéndose así en un referente gastronómico a nivel nacional e internacional.
Manizales y Popayán son la prueba de que estas redes valen lo que la ciudad decida hacer con ellas. Valledupar, reconocida desde 2019 como Ciudad Creativa de la Música por la UNESCO, lleva siete años en la misma red con un activo cultural envidiable —el vallenato— y aún está por escribirse el capítulo de cómo lo aprovecha. Ese camino es el que exploraré en las próximas entregas de Brújula de los cuatro aires.
Por: Sebastian Manotas Garrido, Internacionalista con énfasis en política internacional y diplomacia. sebastianmanotas@uninorte.edu.co







