La historia es vieja, pero quienes se autoproclaman los redentores de la moral pública la repiten hoy con un cinismo que da náuseas. “Vender la dignidad por un plato de lentejas” ha sido, desde tiempos bíblicos, la definición exacta de la miseria humana: entregar los principios, el futuro y el honor por una migaja inmediata, lo indignante no es que el clientelismo exista; lo verdaderamente aberrante es ver a quienes construyeron su carrera política señalando con el dedo al revanchismo tradicional, arrodillándose hoy ante las mismas mañas corruptas de siempre.
Lo ocurrido hace unos días en el departamento del Cesar no es un simple “desatino logístico”, es una bofetada en la cara de la ciudadanía.
La grabación de Pedro Acuña, coordinador de campaña en Valledupar del precandidato presidencial Iván Cepeda y ficha clave del Pacto Histórico, ofreciendo descaradamente “transporte, agua, almuerzos y plata” a cambio de votos, es el epitafio de la superioridad moral de la izquierda en la región. Escuchar a este dirigente ordenar con desfachatez que “la plata debe llegar a donde tiene que llegar y el día que tiene que llegar” es la prueba reina de que la coherencia en ese sector político fue sepultada bajo el peso de los fajos de billetes y la ambición desmedida.






