En Valledupar, menstruar mientras se habita la calle implica mucho más que no tener una toalla higiénica. Para mujeres y personas menstruantes sin techo, el ciclo puede transcurrir sin agua, baños, privacidad, ropa interior limpia ni un lugar seguro para cambiarse o desechar los materiales usados. A estas carencias se suman el estigma, el dolor, la exposición a violencias y, en algunos casos, el consumo de sustancias, factores que profundizan una experiencia marcada por la pobreza y la exclusión.
La Secretaría Local de Salud reconoce que las jornadas con habitantes de calle buscan ofrecer, “en lo posible”, un espacio para ducharse y entregar útiles de aseo, pero no reporta una red fija de baños o puntos de higiene para esta población. Además, en respuesta a un derecho de petición de EL PILÓN, la entidad admitió que, a julio de 2026, no había ejecutado acciones específicas de salud menstrual ni entregado insumos de higiene menstrual a mujeres en situación de calle.
¿Qué pasa en la administración de las ciudades?
Bogotá ha desarrollado una de las respuestas institucionales más avanzadas del país después de la Sentencia T-398 de 2019, que ordenó al Distrito suministrar elementos de absorción menstrual y garantizar condiciones de higiene a mujeres habitantes de calle. Su Estrategia Distrital de Cuidado Menstrual combina jornadas y recorridos territoriales con entrega de kits de autocuidado —toallas higiénicas, ropa interior, papel, pañitos y gel antibacterial—, además de orientación, acceso a servicios de salud y acciones de prevención.










