Durante más de dos años Colombia convirtió una decisión de política exterior en una restricción para uno de sus principales productos de exportación. El resultado era previsible: Israel no dejó de consumir carbón. Simplemente buscó otros proveedores.
La decisión del presidente Abelardo de la Espriella de reactivar las exportaciones de carbón colombiano hacia ese país corrige ese rumbo y merece respaldo. Pero sería un error pensar que con la firma del decreto todo vuelve automáticamente al punto de partida.
Según Fenalcarbón, el mercado israelí representaba alrededor de 3,5 millones de toneladas de carbón colombiano al año, valoradas en cerca de 200 millones de dólares. La Federación ha estimado, además, un impacto cercano a 100.000 millones de pesos anuales en regalías asociado a ese mercado, con especial incidencia sobre las regiones productoras del Caribe. Y esas cifras hay que ponerlas en contexto.










