“¿Los hipopótamos van a sentir dolor?, ¿por qué mejor no los esterilizan?, ¿no hay otra opción que matarlos?”. Las preguntas saltaron en el consejo de redacción de EL PILÓN, en un conflicto de intereses que terminó por develar una preocupación que tiene hablando a la ciudad y al país, que se mezclan con titulares alarmantes sobre la eutanasia de decenas de hipopótamos en el Magdalena Medio. Detrás de esa indignación hay una inquietud genuina por el sufrimiento animal, pero también un vacío de información sobre lo que ocurre con la fauna nativa de nuestros propios territorios.
En diálogo con este medio, la médica veterinaria zootecnista Paola Andrea Galván Campos explica por qué la eutanasia, bien aplicada, no es un sacrificio cruel y qué decisiones difíciles enfrenta el país para proteger los ecosistemas del Magdalena, el Cesar y la Sierra Nevada.
“No es un sacrificio cruel, el hipopótamo no sufre”
Para Galván, una de las primeras confusiones en el debate público es equiparar eutanasia con maltrato. “La eutanasia se maneja por medicamentos, es algo indoloro”, explica, al subrayar que el procedimiento busca precisamente que el animal no sienta dolor. Según detalla, el paciente “queda totalmente dormido”, sin consciencia del momento en que se produce la muerte.






