En el Mes del Orgullo LGBTIQ+, el Cesar afianza su agenda de derechos, paz y participación política con la realización del Cuarto Foro Regional LGBTIQ+ en La Loma (El Paso), el 11 de junio, y la preparación de la marcha del Orgullo que se llevará a cabo en Valledupar el próximo 28 de junio. El Cuarto Foro Regional “Derechos humanos, paz, avances y retos en la participación política” fue liderado por el defensor de derechos humanos Rafael Jiménez, director de la Fundación Diversidad y Vida y referente del movimiento LGBTIQ+ en el Cesar. El foro se desarrolló en el marco de la Semana de la Diversidad. Política pública y recursos: un hito para el departamento Durante el encuentro, el jefe de la Oficina de Política Social de la Gobernación del Cesar, Juan Carlos Mindiola, resaltó que el departamento cuenta por primera vez con una política pública integral LGBTIQ+ con horizonte a 15 años, construida de manera participativa con organizaciones de todo el territorio. “Por primera vez en la historia del Cesar ustedes plasmaron en una política pública sus derechos, y eso es aplaudible”, afirmó el funcionario, quien recordó que este proceso fue reconocido por el Ministerio del Interior como una de las mejores políticas integrales del país. Mindiola subrayó que la administración departamental respaldará la implementación con recursos anuales. “Ya estamos en la construcción del plan de acción y contamos con 2.800 millones de pesos cada año para desarrollar esta política pública, con acciones afirmativas en educación, salud, deporte, cultura, vivienda y otros ámbitos que la población requiera”, explicó. El papel de la población diversa en la paz territorial Uno de los ejes centrales del foro fue el papel de las personas LGBTIQ+ en la construcción de paz, la reconciliación y la transformación de territorios históricamente afectados por el conflicto armado. Desde Caribe Afirmativo se recordó que, durante la guerra, en departamentos como el Cesar era prácticamente imposible que las personas LGBTIQ+ se organizaran abiertamente, lo que retrasó el movimiento en comparación con otros sectores sociales. “El acuerdo de paz abrió la posibilidad de encontrarnos, hablar de nuestras vivencias y organizarnos. Eso ha permitido fortalecer liderazgos y promover el reconocimiento de derechos en el territorio”, expusieron sus representantes. Jason Sarmiento, presidente del Consejo Departamental de Juventudes y líder del proceso de reincorporación en Tierra Grata, enfatizó en la incidencia política de la población diversa. “Uno de los grandes avances es que hoy la diversidad sexual tiene la oportunidad de participar en distintos escenarios y ejercer liderazgo. El rol fundamental en la construcción de paz es la reconciliación”, afirmó. “Durante años se dijo que la antigua guerrilla discriminaba y atacaba a la población diversa; hoy vemos organizaciones donde conviven firmantes de paz, mujeres, jóvenes y personas LGBTIQ+ construyendo tejido social, educación y participación desde los territorios”, añadió. Barreras que persisten: estigmas, miedo y vacíos institucionales Aunque los participantes reconocieron avances significativos en organización social y normatividad, coincidieron en que persisten barreras profundas, tanto sociales como institucionales. Entre las barreras más mencionadas se encuentran: Estigmatización y lenguaje discriminatorio que se reproduce en calles, hogares y escenarios comunitarios. Autocensura política por miedo a agresiones, burlas o señalamientos cuando se participa en espacios de decisión. Falta de protocolos de atención con enfoque diferencial en instituciones públicas. Vacíos en la tipificación de violencias basadas en género contra personas LGBTIQ+, particularmente contra mujeres trans. “Muchas veces, cuando una mujer trans denuncia violencia en el ámbito íntimo, no se reconoce como violencia de género ni como violencia intrafamiliar, sino como una simple agresión personal”, explicaron voceras de Caribe Afirmativo. “Eso termina en conciliaciones que no garantizan su seguridad, y cuando ocurre un homicidio, raramente se reconoce como feminicidio o transfeminicidio”. Desde el trabajo con víctimas y organizaciones, se insistió en que Colombia necesita avanzar en el reconocimiento jurídico de las violencias específicas que enfrentan las personas LGBTIQ+, y que la protección no puede descansar solo en leyes generales que no recogen estas realidades. La apuesta por las nuevas generaciones Las experiencias personales compartidas durante el foro evidenciaron cambios, pero también deudas. Eric González, joven trans que marcó un hito en el sistema educativo del Cesar, narró su tránsito por el colegio: “Poder portar el uniforme masculino y culminar el bachillerato con mi nombre identitario fue un proceso complejo, pero necesario. Para quienes vienen detrás, la política pública y estos debates van a abrir caminos que antes no existían”, expresó. González insistió en que aún falta empatía y acompañamiento, pero valoró el rol de las organizaciones y de instituciones como el SENA en abrir rutas de formación con enfoque diferencial: “La participación ciudadana no está vacía; los espacios existen, pero hay que accionar las rutas y llenarlas con nuestras historias”. Desde la administración municipal de El Paso, se destacó que este es uno de los municipios con mayor número de jóvenes LGBTIQ+ inscritos en programas técnicos, tecnológicos y universitarios, gracias a esfuerzos de focalización y acceso a la educación superior. Para los líderes presentes, este es un avance concreto en la superación de la exclusión y la precarización histórica. El foro también sirvió para mostrar el crecimiento organizativo en el Cesar. Según los líderes del proceso, el departamento pasó de tener tres organizaciones LGBTIQ+ a más de 20, con presencia en distintas subregiones, incluyendo municipios del sur históricamente marginados. Agenda del Orgullo Las reflexiones del foro se articulan con la agenda del Mes del Orgullo en el departamento. Como evento central, la marcha del Orgullo LGBTIQ+ se realizará en Valledupar el próximo 28 de junio, acompañada de actividades culturales, pedagógicas y comunitarias en distintos municipios del Cesar, impulsadas por organizaciones sociales, la Gobernación y administraciones locales. Para sus organizadores, el foro en La Loma y la marcha en la capital del departamento son dos caras de una misma apuesta: convertir al Cesar en un territorio que avance de la política escrita a la vida cotidiana, donde la diversidad no sea motivo de violencia ni de exclusión, sino parte activa de la construcción de paz y democracia.