En Valledupar hay niños que se acuestan temprano para “engañar el estómago” y padres que convierten el almuerzo/cena en la única comida del día. No es exageración: una de cada dos personas en la ciudad no está comiendo lo suficiente, según datos del Dane citados por la Pastoral Social de la Diócesis de Valledupar.
“Hay comunidades donde el hambre se ve en la cara de los niños, se ve la tristeza”, cuenta Alfonso Calderón, subdirector de la Pastoral Social y del Banco de Alimentos Diocesano.
El hambre que se esconde detrás de la música
Valledupar se vende al país como tierra de festival, acordeones y parranda, pero hay otra ciudad que no aparece en los afiches turísticos. Es la de los barrios donde los niños llegan al comedor con la mirada y el ánimo bajos y el estómago vacío.






