La historia empezó la tarde del domingo. Gerónimo Ibarra y Luciana Dangond compartían en las playas de Barú, uno de los mayores destinos turísticos de Cartagena y el país. Ambos decidieron subirse a un jet ski.
En el relato de Gerónimo, al montarse se dieron cuenta de que la máquina estaba pitando, como si tuviera una alarma activada. Esto los llevó a preguntarle al operario que prestaba el servicio si le faltaba gasolina. La respuesta fue rápida y, al parecer, engañosa: “Relajado, que eso dura”.
En palabras del propio Gerónimo, no duró ni diez minutos. Cuando estaban a casi dos kilómetros de la orilla, la moto acuática se apagó. Prefirieron calmarse y esperar a que los rescataran. Era lo más lógico: el propietario del vehículo se preocuparía y los iría a buscar. No fue así.





