El arte de las musas siempre ha acompañado a la humanidad a través de su historia y tiene ramificaciones incontables, unas veces evolucionando junto a ella, y otras, enfrentando desafíos. En los días de hoy, para muchos, pareciera que la música encara un nuevo riesgo que amenaza su valor como arte, ejercicio y expresión de creatividad, habilidad, dedicación y maestría.
Desde hace unos años se ha visto una revolución en el mundo de la tecnología: el surgimiento y boom de la inteligencia artificial. Estas herramientas se han colado en ámbitos variados. El arte es probablemente donde más disonancia ha causado su aparición. La IA evoluciona a pasos agigantados, y con todos los avances que se han hecho, aparecen programas y aplicaciones con instrucciones sencillas y una capacidad asombrosa y, honestamente, aterradora.
Prácticamente se puede hacer una canción de cualquier género, con cualquier letra que uno quiera, e incluso, si no tienes idea de qué música quieres, se le puede pedir a la IA sus sugerencias. Entonces se puede crear música en instantes; ya sea un reggaetón, una pieza de piano al estilo impresionista, un vallenato injuriando a algún político, una bachata triste, un blues a lo Jimi Hendrix, una mazurca a lo Chopin, o una balada acústica; lo que a uno se le ocurra, la IA se lo hace.
Para algunos ya comenzaron a sonar las alarmas, por ejemplo, con la repentina aparición de “artistas” de IA en plataformas como Spotify. Uno de los casos más conocidos es el de una “banda” con el nombre de ‘The Velvet Sundown’ que en poco tiempo lanzó una discografía entera y obtuvo millones de reproducciones, mientras trataban de mantener la fachada de ser una banda real.
Al fin se descubrió que toda su música se basaba en la IA y, aunque el daño ya estaba hecho, puesto que se estima que quienquiera que estuviera detrás de la farsa habría ganado alrededor de $ 40.000 a $ 50.000 dólares, ningún tipo de represalia fue tomada en su contra, puesto que técnicamente no rompieron alguna regla. Desde entonces se ven casos similares apareciendo de la nada, artistas falsos con catálogos enteros, ofertados como música genuina hecha por ellos, y que logran alcanzar cientos de miles hasta millones de reproducciones o vistas.
Otro hecho que deja un relente amargo en el paladar de algunos es que las herramientas de IA se ven cada vez más promocionadas. La más conocida de estas es Suno.ai, una plataforma de creación musical con IA. En redes sociales, como YouTube, se pueden encontrar anuncios dando un resumen de todas sus funciones e incitando a usarla. Pero un caso que ha hecho revuelo es el de celebridades e influencers musicales promocionando descaradamente a Suno, resultando en críticas que resaltan su hipocresía y la ironía de que estos aboguen a favor de una herramienta que remueve la necesidad de su trabajo.
Como ejemplos están los casos de Mohini Dey, una bajista india, y John Dretto, un guitarrista estadounidense; ambos artistas con una carrera exitosa y una base de seguidores establecida, comenzaron a publicar videos donde promocionaban a Suno.ai, videos que muchos recalcaron sentirse falsos y hechos nada más por cumplir con algún trato y recibir su paga.
Tengo que reconocer que la IA tiene la capacidad de ser algo genial, capaz también de derrumbar fronteras que le permitan al artista acceder a mundos nuevos e inimaginables, pero en verdad la gente la usa de manera maliciosa y egoísta para ganarse fácilmente unos cuantos cientos de dólares pretendiendo ser artistas sin esfuerzo.
Como está ahora, el panorama es un poco aciago, pero aun así quiero dejar en la conclusión algo de esperanza. Ya existen algunas leyes que regulan que la gente use la música hecha enteramente por IA para producir ganancias, pero tal vez en un futuro podrían existir leyes que lo regulen de manera más estricta y que incluso lo prohíban; que tampoco se permita la producción en masa de esta, que no se pueda distribuir o publicar sin ser categorizada correctamente, y que sea totalmente filtrada de las plataformas donde la gente la consume.
Y aunque no pase esto, y siga viéndose el arte amenazado, este nunca sucumbirá por completo, porque a su vez se aviva la llama de rebeldía y resistencia en aquellos que conocen lo que significa y que buscan preservar y mantener en pie a este mundo de horizontes infinitos que es la música; porque como músicos nos vemos amenazados, y como retaliación hacemos lo que siempre hemos sabido hacer mejor: resistir, mantener vivo en nosotros el arte, porque este surge del alma humana, y un mundo sin arte sería un mundo sin alma, sin humanos.
Por. José Enrique Méndez Parejo







