El arte de las musas siempre ha acompañado a la humanidad a través de su historia y tiene ramificaciones incontables, unas veces evolucionando junto a ella, y otras, enfrentando desafíos. En los días de hoy, para muchos, pareciera que la música encara un nuevo riesgo que amenaza su valor como arte, ejercicio y expresión de creatividad, habilidad, dedicación y maestría.
Desde hace unos años se ha visto una revolución en el mundo de la tecnología: el surgimiento y boom de la inteligencia artificial. Estas herramientas se han colado en ámbitos variados. El arte es probablemente donde más disonancia ha causado su aparición. La IA evoluciona a pasos agigantados, y con todos los avances que se han hecho, aparecen programas y aplicaciones con instrucciones sencillas y una capacidad asombrosa y, honestamente, aterradora.
Prácticamente se puede hacer una canción de cualquier género, con cualquier letra que uno quiera, e incluso, si no tienes idea de qué música quieres, se le puede pedir a la IA sus sugerencias. Entonces se puede crear música en instantes; ya sea un reggaetón, una pieza de piano al estilo impresionista, un vallenato injuriando a algún político, una bachata triste, un blues a lo Jimi Hendrix, una mazurca a lo Chopin, o una balada acústica; lo que a uno se le ocurra, la IA se lo hace.






