Si la competencia fuera de aires vallenatos, al final de la primera ronda de la Canción Inédita, el son sería el rey. Esa conclusión quedó divagando por la plaza Freddy Molina, en Patillal, donde tiene lugar la competencia. Los nueve sones de la lista recibieron aplausos del público y en una mayor proporción que cualquier otro de los aires en los que se presentan los compositores, exceptuando unos pocos que llegaron al corregimiento del norte de Valledupar acompañados con barras grandes, uniformadas con camisetas, con pancartas e incluso con dos empanadas gigantes, caso puntual de la comitiva de Wiston Müegues, autor de la puya ‘La empanada’.
Tal vez por la cadencia natural de este aire, por la concentración y casi mística que se le vio a los músicos al interpretarlos, tal vez porque era el final de la competencia, había bajado el calor y la Sierra estaba enviando su brisa fresca, tal vez porque siguieron a la algarabía de la puya, tal vez porque en efecto son el punto de más calidad en las cancones presentadas; lo cierto es que el momento de los sones el público respondió en masa.
La segunda jornada de la Canción Inédita se desarrolló en forma normal, desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde, con un receso al mediodía. Los compositores se fueron a descansar, a la espera de los resultados del jurado, integrado por los compositores Mateo Torres, Everardo Armenta y Enrique Cabas. Persiste la baja asistencia de público a la plaza, aunque aumentó con respecto al primer día.











