El amor de una madre es descrito diariamente como el más puro y sincero que existe en la humanidad, quedando reflejado en cada uno de los actos valerosos que hacen para que sus hijos siempre sean destacados en la sociedad y puedan cumplir todos sus sueños, sin importar los obstáculos o los sacrificios a los que se tengan que enfrentar.
Un caso particular que define lo anteriormente dicho se presentó en el Centro Recreacional La Pedregosa durante la final del concurso de acordeoneros categoría Infantil de la edición 54 del Festival de la Leyenda Vallenata, cuando una madre se arrodilló en el suelo y sin importar las marcas que podrían dejar en su piel las piedras que había en el lugar, escuchó atenta y con los ojos cerrados, pidiendo al Cielo, la participación de su hijo, quien digitaba en su acordeón los cuatro aires del folclor vallenato. Su fe y la conexión con Dios le darían la seguridad y la tranquilidad a su pequeño.
Durante más de 10 minutos, Shirley Arévalo escuchó a Santiago Diez Arévalo tocar el acordeón y aunque por momentos la emoción se apoderaba de ella, nunca perdió el rumbo de su oración mental y levantaba los brazos en señal de victoria, como dando entender que Dios ya estaba obrando y su hijo sería el ganador de la contienda musical.











