Desde hace un año, un retén de indígenas kankuamos, apoyados en una cerca improvisada, controlan la entrada al corregimiento La Mina, jurisdicción de Valledupar. Estos pobladores, con cuaderno en mano, radios inalámbricos y una lista, registran a todos los que ingresan a este territorio que en el pasado sufrió la violencia, principalmente entre los años 2000 y 2004, pero que actualmente padece por las deficiencias en los servicios públicos como el agua potable, la energía eléctrica y la conexión a internet.
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Alvin Gómez, líder kankuamo de esta localidad, relató que muy pocas veces el agua, que proviene de dos sistemas de acueducto que se surten del río Yergaka y el río Potrero, llegan hasta su casa, ubicada en una loma del corregimiento. Aún más preocupante es que ninguno de los dos acueductos provee agua apta para el consumo porque en el corregimiento no hay una planta de tratamiento. “Cada mes viene un carrotanque al corregimiento a surtirnos de agua potable, pero para que lo haga hay que luchar mucho”.
















