Casas de bahareque, calles empedradas, casa tiendas en las que funcionaban los almacenes más reconocidos de la época, conventos, un prestigioso colegio, el teatro Cesar, entre otros lugares emblemáticos conformaban el escenario ideal en el que transcurriera la vida de un pueblo que mucho distaba de lo que es hoy Valledupar.
Así se rememoran las características de antaño que distinguían al centro de esta capital que desde un principio fue epicentro del desarrollo y donde confluían las familias más reconocidas que dieron forma en gran medida al Valle del Cacique Upar, las cuales aún en la actualidad mantienen el legado y la distinción de ser los vallenatos auténticos, los que crecieron bordeando la plaza Alfonso López Pumarejo.
Sin embargo, la radiografía que se puede tener hoy de esta zona tan importante de la ciudad proviene más de la voz de esos mismos vallenatos que de la apariencia que actualmente tiene. Las nuevas generaciones podrán tener noción de sus raíces y el origen de una tierra que es más que música vallenata, aunque siempre ha estado orquestada por las melodías de guitarras y acordeones. La compilación de la historia autóctona de Valledupar y una ruta de turismo en las entrañas de su centro histórico siguen siendo una tarea pendiente que apenas se pone sobre la marcha.











