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Historias - 18 febrero, 2022

El cerro fue ‘hurtado’ a los indígenas

El cerro nos regala el servir de hospedaje y alimento con sus ramas, flores y frutos a los animales que allí viven y a los innumerables pájaros que vienen de muy lejos de Centro América y Sur América, a posarse en él.

El cerro Misangui, Atifilomina, Minakalwa o Hurtado, al igual que el pozo Hurtado, son llamados así por los indígenas de la Sierra Nevada, ya que los mamus o sacerdotes aseguran que este nombre se debe a que todo el pozo como el cerro les fueron hurtados o robados por los ‘’civilizados’’.

En la cima de él hacían y hacen el pago o pagamento con algodón y polvo de conchas marinas, a la madre de los animales y de los árboles, para que estos no mueran y por gratitud a que el cerro ha evitado una avalancha del río Guatapurí a la ciudad; pero también en acción de gracias, porque los árboles del cerro purifican el aire con el oxígeno que emiten sus hojas, y así vienen a ser como pulmones para la ciudad; además los árboles suavizan el clima y atrapan las impurezas del aire, sirviendo también como barreras que atenúan la velocidad del viento, evitándonos catástrofes y luego con un tono de nostalgia recuerdan que allí vivió el cacique Upar que era Kogui, con su compañera Menakatu, quien era kankuama y cuya familia vivía en lo que es hoy la plaza Alfonso López.

Otra bondad que el cerro nos regala es la de servir de hospedaje y alimento con sus ramas, flores y frutos a los animales que allí viven y a los innumerables pájaros que vienen de muy lejos de Centro América y Sur América, a posarse en él.

Entre las aves que allí anidan se encuentran los azulejos, canarios, yonofuies, cucaracheros paguaratas, papayeros carpinteros, colibríes, y una gran variedad de cotorras y loros como los cara sucias, loros cara azul y periquitos mangueros.

Entre los animales: ardillas, monos aulladores, hormigas arrieras, iguanas, osos hormigueros, conejos, zarigüeyas y otros. 

Entre los árboles que lo convierten en un bosque seco tropical están los puyes, jaguas, trupillos, ceibas, carretos, majaguas, corazón fino, icaco, cactus como la tuna y el cardón; guamachos, robles, brasiles, etc., pero si estos árboles se talan desaparecería el bosque y el cerro se convertiría en un desierto. 

Estos árboles aseguran también la lluvia ya que emiten vapor de agua por sus hojas y este va a formar las nubes. Donde hay árboles hay agua y lluvia seguras.

En la época seca o popularmente llamada “de verano”, que es en la que estamos, los árboles del cerro botan todas sus hojas de manera inteligente, para no perder el agua que absorben de la tierra y ofrecen aparentemente un espectáculo semejante a los rastrojos, pero a pesar de esta apariencia, los árboles están más vivos que nunca y prueba de ello es que apenas comienza a caer la primera lluvia, ellos vuelven a sonreír y renuevan sus hojas y así vemos que en el mes de abril (como aparece en la fotografía), ellos lucen florecidos.

Hasta hace siete años, el 21 de abril del 2015, caía el primer aguacero fuerte y a los cuatro días, o sea el 25, amanecían florecidos los puyes y a los siete días, se compinchaban las flores por la noche y cerraban sus corolas; pero la naturaleza ahora se equivoca: el año pasado y el antepasado, llovió en febrero y los puyes florecieron dos veces en febrero y en abril porque se equivocaron, creyendo que febrero era abril y este año volvieron a equivocarse y como llovió muy fuerte el 21 de enero, a los tres días florecieron, esto no es lo usual en ellos. 

Todos estos comportamientos de los árboles del cerro, son para demostrar que el cerro no es un rastrojo, es un organismo vivo y cultural que se niega a morir.

Por todo lo anterior, debemos cuidar el cerro, no sacarle madera, ni hacer construcciones en él, ni nada que lo debilite, como tirarle colillas encendidas para convertir el cerro en rastrojo.

Algunos de los civilizados que invadieron los cerros de la Sierra Nevada le prohibían a los indígenas que entraran a sus lugares sagrados a hacer el pagamento; por ello estos se dirigieron al ministerio del gobierno solicitando protección, ya que entraron en un estado de angustia, afirmando que si no hacían el pagamento, estos lugares sagrados se morirían y vendrían pestes, guerras, muertes y cataclismos dentro de la comunidad; por este motivo el ministerio del Interior les dio un amparo jurídico, reconociéndolos como dueños de su territorio, que es toda la Sierra Nevada, desde el pie de monte que rodea toda la sierra, por el norte, por occidente, y además por el oriente, hasta llegar a los nevados. 

Todo este territorio está rodeado por todo el pie de monte, por una línea imaginaria, que va bordeando la sierra y que ellos llaman La Línea Negra; de esta línea para arriba es territorio indígena, que está protegido por el Decreto 1500 del 2018, además por las resoluciones números 0002 del 4 de enero de 1973 del ministerio del Interior y por la resolución 837 de 1995 del ministerio del Interior, que reconocen y demarcan simbólicamente la Línea Negra persiguiendo dos objetivos:

El gran cuidado ambiental que los indígenas le brindan al medio ambiente, pero además, su tranquilidad espiritual. Y también, los autorizaba para que realizaran sus pagamentos u ofrendas, aún dentro de los lugares que estuvieran escriturados a civilizados.

Por otra parte, el Juzgado Quinto Civil del Circuito emitió un fallo que impedía la construcción en este cerro; a esto se agrega, que el Concejo Municipal de Valledupar emitió el Acuerdo número 032 de 1996 donde se declara al cerro como patrimonio de la ciudad y como zona de reserva ecológica. 

También está la resolución 837 del 25 de agosto de 1995 que nos presenta un mapa con los sitios sagrados de la Línea Negra. 

Además la Constitución del 91 reconoce los derechos territoriales de los pueblos indígenas, declarándolos como propiedad privada de carácter colectivo y eleva a los resguardos a la categoría de municipios 

La Línea Negra sería algo similar a las líneas del Ecuador, el Trópico de Cáncer, etcétera; con la diferencia de que estas últimas son posteriores a la línea negra, que es de creación prehispánica, ya que dentro de la cosmovisión indígena, les fue otorgada como inicio del territorio por la madre Seínekan o sea la Sierra Nevada, llamada Ley de Origen; ella fue la esposa de Serankua, el padre Sol.

Ellos convierten a la Sierra Nevada en su propia madre, es decir, la humanizan, por ello no la venden ni la arriendan, porque ¿qué hijo bueno vende a su madre?

La ley les otorga una escritura de tipo comunitario, donde se les reconoce su posesión de miles de años, y por ello les concede la propiedad de sus resguardos de tipo comunitario, declarando este territorio como inembargable, no enajenable, e imprescriptible, lo cual quiere decir que ellos, de manera individual no pueden darle escritura a ningún civilizado, así tenga muchos años de vivir dentro del resguardo.

Pero también a ellos no se les puede embargar la tierra ni ellos pueden venderla. Los indígenas no envenenan las aguas de los ríos, ¿pues qué hijo bueno envenena la sangre de su madre?

El cerro Hurtado y el de la Popa son lugares sagrados, que pertenece a la Sierra Nevada, son los cerros más jóvenes de la nevada, que es de origen volcánico, ya que los picos más antiguos están cubiertos de nieve, con una altura de 5.775 metros sobre el nivel del mar, por ser los que se asomaron luego de la primera explosión volcánica (pico de la Horqueda, cerros Simón Bolívar y Colón), donde reside el cielo de los indígenas, con el nombre de Chundua.

En la cima de este cerro se encuentran cuatro cementerios indígenas pertenecientes a las cuatro etnias de la sierra, que son Coguis, Arhuacos, Wiwas y Kankuamos.

Debajo del puente Hurtado, donde se sentaba la Sirena, las cuatro etnias hacen un pagamento para que las enfermedades de la ciudad no entren a la Sierra. Todas estas actividades son una muestra de sus creencias cosmogónicas y teológicas. El pagamento u ofrenda es símbolo fundamental para conservar el equilibrio universal y de la Sierra. 

La Línea Negra se inicia en la plaza Alfonso López, continúa en el cerro Hurtado, luego en el río Guatapurí, en el pozo Hurtado. Sigue por la carretera que va hasta Patillal, de ahí sigue derecho hasta La Guajira en Riohacha, y pasa por Dibulla, por el río Palomino, Bonda, Mamatoco, los pueblos dan a la zona bananera hasta llegar a Camperucho en el departamento del Cesar, el río Los Clavos, el cerro Jimain, el cerro de la Popa o Butsinorrùa, para luego llegar a la plaza Alfonzo López, después el cerro Hurtado y finalmente el pozo Hurtado.

Hace treinta y dos años, encontré en una cueva tres puntas de proyectil (flechas hechas con las piedras), que demostrarían la presencia de los indígenas cazadores recolectores de hace 15.000 años que fueron los ascendientes de los taironas, y de las comunidades actuales, los cuales no conocían la cerámica y todo lo construían con la piedra; estos fueron evolucionando en miles de años y se convirtieron en la cultura Tairona.

Es que los indígenas fueron, antes que los Vikingos y que Colón, los verdaderos descubridores de América, los que viniendo de la Mongolia y de Siberia en Rusia atravesaron el estrecho de Bering, en una primera excursión de hace 15.000 años aproximadamente.  

Los ambientalistas tienen la razón y es loable su actitud al defender una causa justa a pesar de no ser indígenas. El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar debería asumir una actitud de carácter transdisciplinario y multidisciplinario, pues la verdad no se encuentra solo en las leyes, sino que hay que mirar y dialogar con otros saberes, para tener conclusiones holísticas, o integrales; pero además la lógica de los indígenas no es la de los occidentales. Esta es una lógica alternativa o paraconsistente. Es la lógica del mito. 

Si estuviera vivo el senador, exgobernador e historiador don Pepe Castro hace rato este problema  de la aspiración a construir en el cerro, hace años estaría resuelto.

Corpocesar, planeación, obras públicas, oficinas jurídicas los curadores, el concejo y la ciudadanía estamos llamados por ética a proteger el cerro que es el patrimonio de todos.

La familia que aspira a construir en el cerro tiene el derecho de construir su vivienda pues tienen escritura, pero al no poderlo lograr en este sitio, le tocaría al municipio comprarles su lote donde quieren construir, y dárselo a los indígenas, y ellos comprar otro lote en donde puedan construir. 

Queda muy claro que todo lo que se aspire a realizar en el cerro debe hacerse con consulta previa a los indígenas. Y me asalta esta pregunta: ¿con qué parámetros justos se le da permiso para construir a unas familias en el cerro?

Investigó y escribió, Ruth Ariza Cotes

Antropóloga e historiadora regional de la Universidad Nacional.