EDITORIAL

Santos y su Acuerdo por la Unidad Nacional

En relativa normalidad en materia de orden público, y a pesar de una jornada electoral con poco entusiasmo, por el tema de los partidos de fútbol y la lluvia, los colombianos eligieron ayer a Juan Manuel Santos Calderón, como nuevo Presidente de la República, en remplazo de Álvaro Uribe. Los colombianos optaron por las propuestas […]

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En relativa normalidad en materia de orden público, y a pesar de una jornada electoral con poco entusiasmo, por el tema de los partidos de fútbol y la lluvia, los colombianos eligieron ayer a Juan Manuel Santos Calderón, como nuevo Presidente de la República, en remplazo de Álvaro Uribe.
Los colombianos optaron por las propuestas del candidato del Partido de la Unidad Nacional, el economista, exministro de defensa y ex ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos Calderón, con una votación superior a los nueve millones de votos, cercana al 67 por ciento; en lugar de la propuesta de un gobierno de partido, una alianza con la ciudadanía, como había propuesto el candidato del Partido Verde, el matemático y filósofo, Antanas Mockus Sivikas, quien logró aproximadamente tres millones seiscientos mil votos, para un porcentaje superior al 27 por ciento del total.
Este resultado se puede interpretar como un mensaje de apoyo a las políticas del Presidente Álvaro Uribe Vélez, principalmente a la continuidad de la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. Sin embargo, Uribe es Uribe y Santos es Santos.
Y a pesar de la menor participación frente a la registrada durante la primera vuelta, debido –principalmente- al mundial de fútbol, la lluvia y la anunciada victoria del Partido de la U- el nuevo Presidente llega al poder con un mandato claro y amplio, con una votación que le da un amplio margen de gobernabilidad, de independencia y autonomía frente a los integrantes del frente que convocó para la segunda vuelta.
Santos Calderón ha invitado a conformar un gobierno de unidad nacional, desde antes de integrar en su coalición al partido conservador, al partido liberal, y al movimiento Cambio Radical. Además, debemos recordar que su compañero de fórmula, el candidato a la vicepresidencia, Angelino Garzón, viene de las entrañas de la izquierda democrática.
Pero ese gobierno debe girar en torno a un Gran Acuerdo de Unidad Nacional, que el ha propuesto y que se resume en diez puntos básicos y esenciales para el futuro del país, en materia política, económica y social. Consideramos que este acuerdo debe ser debatido y escuchado por atención, antes de adherir a él así porque sí. Adicionalmente, Santos ha dicho que convertirá en políticas de gobierno algunas de las propuestas de sus contrincantes en la primera vuelta, en un mensaje de unión de voluntades muy distinta a la actitud de Uribe Vélez, quien le dio un manejo sectario y personalista al ejercicio del poder.
Y en efecto, el país espera que a partir del próximo 7 de agosto los asuntos del estado tengan una presentación distinta a la polarización constante del presidente Uribe, quizás  una defensa de las políticas públicas y de las propuestas de gobierno, con argumentos, de consenso, como debe ser en una democracia civilizada. Esperamos un nuevo estilo de gobierno, que se note, insistimos, que Uribe es Uribe y Santos es Santos.
Ese acuerdo por la unidad nacional no sólo debe incluir a las fuerzas políticas invitadas a hacer parte de ese gran acuerdo, sino también una nueva relación entre el ejecutivo y el Congreso de la República, donde Santos inicia con unas amplias mayorías; pero también una actitud distinta frente a la rama judicial y no sólo ante las llamadas altas cortes, como bien lo dijo anoche en su discurso el Presidente electo.
Hay otro talante en el Palacio de Nariño, quizás como lo comparan alguno con su tío-abuelo, Eduardo Santos, quien se caracterizó, precisamente, por su estilo conciliador y de unidad.

En ese acuerdo de unidad nacional, es clave la participación de empresarios y trabajadores para concertar unos derroteros, unos objetivos, en materia de política económica y social, en el corto, mediano y largo plazo, como lo hizo España, hace algunos años, a partir de las propuestas económicas de la Tercera Vía de la cual es Santos es partidario, es decir de una adecuada convivencia entre los mercados y la acción del Estado.
Por lo demás, el nuevo Presidente de la República debe tener la suficiente libertad, ante sus aliados, para elegir un equipo de primera línea, con buena preparación y experiencia, de una gran formación técnica, y que lleguen a esos cargos, a los ministerios, a las departamentos administrativos y a otros altos cargos de la Nación, las personas por sus méritos y cualidades profesionales y no por las recomendaciones de los partidos y movimientos que hicieron parte de la alianza por la Unidad Nacional.
De otra parte, la votación por el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, superior a los tres millones y medio de votos, fue un mensaje claro en materia de condena a la corrupción, al clientelismo, a la falta de transparencia en el manejo de la cosa pública, y el Presidente electo debe prestar atención a ese llamado.
El país todo está cansado del clientelismo, de tanta corrupción, tráfico de influencias y triquiñuelas en el manejo del estado. Los colombianos piden una política clara y contundente contra la corrupción, como la ha planteado el mismo Santos.
La transparencia, la lucha contra la corrupción y la construcción del buen gobierno, deben ser parte esenciales de ese Gran Acuerdo por la Unidad Nacional sobre el cual nos referiremos en otras oportunidades.

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