EDITORIAL

Respuestas sobre el campo que merecen un análisis

Dos dimos a la tarea de analizar las respuestas entregadas por la Secretaría de Agricultura del Cesar a los interrogantes formulados en nuestros dos editoriales anteriores. Creemos que es necesario hacer una valoración crítica, constructiva y preguntarnos: ¿si se están resolviendo los problemas estructurales del campo? ¿Hay un verdadero impacto en la productividad rural? ¿La política agropecuaria departamental va por buen camino? ¿Hay esperanzas en nuestros campesinos?

Respuestas sobre el campo que merecen un análisis

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Dos dimos a la tarea de analizar las respuestas entregadas por la Secretaría de Agricultura del Cesar a los interrogantes formulados en nuestros dos editoriales anteriores. Creemos que es necesario hacer una valoración crítica, constructiva y preguntarnos: ¿si se están resolviendo los problemas estructurales del campo? ¿Hay un verdadero impacto en la productividad rural? ¿La política agropecuaria departamental va por buen camino? ¿Hay esperanzas en nuestros campesinos?

Es preciso reconocer el esfuerzo de la Secretaría de Agricultura, en cabeza de José Francisco Sequeda Daza, por dar respuestas con cifras y nombres de proyectos, lo cual representa un avance en términos de transparencia institucional. No obstante, la lectura general deja ver un grado de intervención que no resulta suficiente. Reconocemos también que hay buenas intenciones, pero el agro cesarense necesita materializar acciones que permitan resultados concretos.

Nos genera inquietud los proyectos de corta duración (de 15 días a pocos meses), con montos limitados y, en varios casos, dirigidos a eventos feriales más que a procesos productivos de largo aliento. Se entiende que se quiera visibilizar acciones de ese tipo, pero eso solo contribuye parcialmente a resolver los principales problemas del campo en el Cesar que necesita de programas de gran envergadura con apoyo financiero y acompañamiento técnico en todas las fases de los procesos.

Esa interesante radiografía productiva del departamento con cultivos de gran escala como palma, arroz, café y maíz, que nos muestra la Secretaría de Agricultura, debería involucrar de manera proporcionada a todos los trabajadores del campo, incluidos los pequeños campesinos y no solo a medianos y grandes empresarios. Se debe resolver la falta de agua, vías terciarias deterioradas, acceso a crédito y la asistencia técnica que se requiere de manera permanente.

En sus respuestas, la sectorial de agricultura destaca el esfuerzo en diversificar la producción mediante el impulso de líneas como la apicultura, piscicultura, malanga o el mango Keith, eso es bueno, pero mejor sería si se logra garantizar la sostenibilidad de estas apuestas, lo mismo que implementar planes de comercialización para pequeños productores como lo reclaman muchas regiones, entre ellos los campesinos de La Mesa, Sabanitas y Azúcar Buena, solo para mencionar un caso.

En cuanto a la juventud rural, es importante el fortalecimiento de las instituciones educativas agropecuarias, allí lo que faltaría es que se otorguen incentivos efectivos para que estos jóvenes se queden en el campo, accedan a tierra, insumos o microcréditos. Esa es la mejor forma de evitar la migración a los centros urbanos como sucede en la actualidad.

También preocupa que, a casi dos años del presente gobierno departamental, los proyectos para incentivos crediticios todavía estén en proceso de formulación, eso obliga a los pequeños productores a recurrir a intermediarios o fuentes informales de financiamiento que termina ahogándolos. Cuánto añoramos los tiempos de ICR departamental (que era complementario del nacional).

Creemos que hay avances y ganas por hacer grandes cosas, pero también hay diversas tareas pendientes.

La impresión que queda es que el impacto de la acción gubernamental es baja y dispersa. El presupuesto debería multiplicarse varias veces, y no depender de las regalías. Proyectos de la envergadura de Agricel -sin sus fallas- deberían contarse por decenas en el departamento, asociados a los procesos nacionales de reforma agraria y apoyo de la ADR y el Banco Agrario.

No vemos en el departamento los grandes proyectos de infraestructura de riego y adecuación de tierras, que el secretario pudo ver en Brasil, que requieren grandes inversiones. No vemos un negocio claro para el campo a pesar de que se buscan opciones como el marañón, y todo indica que en el corto plazo y en corta superficie se volverá a sembrar el algodón.

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