Es una historia recurrente de una actividad, como la política, que debería desarrollarse con decencia, protegiendo los recursos públicos y pensando en los intereses de la comunidad, pero muchos hacen de ella un medio de enriquecimiento personal, de obtener poder sobre los demás y de darle alimento a su vanidad y ego. Triste es está historia de la Revista Semana en la que roban y se jactan: “Una conversación entre el senador Mario Castaño y Juan Carlos Martínez, su hombre de confianza.
Los investigadores, interceptaron las llamadas telefónicas de Castaño y sus presuntos cómplices, donde se evidencia un interés indebido por todo tipo de contratación con entidades locales, regionales y nacionales. Los hechos vendrían ocurriendo desde 2018.
Según los cálculos preliminares, la banda habría desfalcado al Estado en por lo menos 60.000 millones. (…) En una comunicación entre Castaño y Juan Carlos Martínez, a quien los investigadores señalan como su hombre de confianza, ambos se jactan delante de dos mujeres porque se apropiaron de la prórroga de un contrato de licores en el Chocó que, según confiesan, les dejaría utilidades anuales por 15.000 millones de pesos y durante 15 años.





