En las postrimerías de la presidencia (1974 – 1978) de Alfonso López Michelsen, el exgobernador del Cesar, crecía la antipatía ciudadana. López definió su gobierno como el de ‘Mandato Claro’, afín a su vasta preparación intelectual y la racionalidad que quería imprimir a su comunicación con el pueblo y a la explicación de las decisiones económicas y sociales.
A pesar de que en muchos aspectos se exhibían ejecutorias, que se reflejarían en los siguientes gobiernos, la desesperanza se había apoderado de masas urbanas y rurales que tuvieron altas expectativas por el gobierno liberal y progresista, del fundador del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL.
En medio de la controversia nacional, López poco tiempo tenía para la provincia. Con todo, apreciaba, con afecto, al Cesar.





