Cada día los acontecimientos nacionales nos pesan más, nos entorpecen más y lo que es más triste nos generan tristeza, desesperación e indignación. La agenda nacional nos cubre y nos agobia y genera malas sensaciones. No nos referimos solo a los muertos del covid-19, que ya ayer marcaron 282, en su gran mayoría personas por encima de los 70 años, principalmente no vacunados.
Pero también no deja de sorprender que haya casos evidentes de personas mayores con vacunación reforzada que han sido severamente afectadas.
Pero hay otros casos que destrozan el alma, como el de la familia Leal, del hijo ambicioso y envidioso que mata al hermano y a su madre, y que convirtió una audiencia judicial en objeto de una inusitada y masiva atención pública, o la muerte de un conductor, que si bien por perder de control de la volqueta de la basura atropelló a una madre indígena embera embarazada, y luego fue linchado por miembros de la comunidad, en medio de una llamada desesperada de auxilio a su jefe, o la estrellada de Egan Bernal, el flamante ciclista, contra un bus que paró en una vía de Cundinamarca.





