En la reciente visita de abril el ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, hacía ver que la promoción que se hacía de Valledupar correspondía al Festival Vallenato, certamen que en condiciones normales no requería mayor divulgación, ya que al ser un producto reconocido y valorado se vendía solo.
Desafiaba a los vallenatos, participantes de la iniciativa de la Mesa Naranja (una iniciativa que arrancó el 15 de junio del año pasado, en la sede de La Andina, El PILÓN, la Fundación Universitaria del Área Andina, el Festival de La Quinta, la Feria Caramanchel, Comfacesar, la Fundación del Festival, El Tiempo Caribe, emprendedores, entre otros), a visibilizar los otros atributos y atracciones de la región, y de su epicentro Valledupar, con mucha energía y creatividad al tiempo que se desarrollaban los productos de calidad a ofrecer. Promocionen y desarrollen producto, fue su enfático llamado.
Planteábamos la necesidad de ir más allá y hacer ver que no debíamos solo mirar al turista, sino que para desarrollar producto atractivo había que inducir nuevas inversiones nacionales e internacionales en el Cesar. Estas no se debían limitar a ese sector de turismo y empresas culturales relacionadas (hoteles, restaurantes, ferias, museos o infraestructuras en vías, balnearios o referentes musicales), sino que debían ampliarse a todos los ámbitos de empresas y negocios, como requisito en la generación de ingreso y empleos para absorber la migración venezolana y superar la llamativa pobreza, con indicadores peores de los promedios nacionales.





