“La mayoría de venezolanos antes no conseguía los productos y ahora, que abundan, no puede pagarlos. Entonces trabajan el doble, y en lo que hay”. Así describió, en un radiante reportaje, el enviado especial de la BBC la situación económica y social de Venezuela. El periodista ha vuelto, se encuentra sorprendido, y titula: ‘Cómo la economía socialista de Venezuela acabó convertida en un ‘capitalismo de bodega’.
Sabíamos, lo hemos dicho, que el régimen económico venezolano es una caricatura, un adefesio, una demostración de que una cosas es lo que se ofrece y se pregona por los políticos audaces, con mágicas consignas, y otra la administración de los bienes y recursos, de la gente, del tiempo y de los procesos.
“Fue ahí cuando entendí que la Venezuela donde viví entre 2013 y 2017, plagada de colas para comprar productos básicos subsidiados, ya no es la misma: la escasez y los controles de precios ya no están y la moneda de uso más frecuente —en el país del antiimperialismo— es el dólar: viejos y magullados billetes de 1, 5 y 10 dólares que han generado un pequeño boom económico. Y los Hershey’s (chocolates exclusivos) se consiguen, pero la gente como Rada, que son la inmensa mayoría, sigue sin poder acceder a lo básico, mucho menos a lo deseado. La vida del venezolano pasó de ser una odisea para conseguir una bolsa de harina —con la que hacen las imprescindibles arepas— a otra para ganarse unos dólares adicionales.





