Lo que faltaba. Ahora ni las aulas de clases escapan al accionar de los delincuentes, situación que se evidenció esta semana en un colegio oficial de Valledupar, en donde un atracador ingresó armado, intimidó a la docente de turno y le arrebató sus pertenencias delante de los estudiantes.
Ese hecho ocurrido, al interior del aula de clases de un plantel educativo, es una muestra de que el fenómeno de la inseguridad en Valledupar se agudiza cada vez más, llegando al extremo de generar incertidumbre en la comunidad educativa de esta ciudad.
“Las escuelas deben ser santuarios de paz, no escenarios del crimen”, dijo consternado un docente al enterarse de esos lamentables hechos.
“Se trata de un hecho aislado en el que un hombre ingresa al salón de clases, dice que está armado y atemoriza a todos, pero nunca se le vio el arma. Es un tema complejo que requiere del concurso de todos para contrarrestarlo”, dijo a EL PILÓN el alcalde Ernesto Orozco.
El alcalde tiene razón, Valledupar debe cerrar filas contra la delincuencia. Las palabras del mandatario, en respuesta a ese alarmante suceso en el que un hombre, afirmando estar armado y generando pánico entre estudiantes y docentes, no pueden ser tomadas a la ligera y se debe actuar en consecuencia.
Aunque este hecho pueda parecer “aislado”, es en realidad una advertencia contundente. La ciudad no puede esperar a que la violencia escale o que nuevos incidentes pongan en riesgo la seguridad de los más vulnerables, como son nuestros niños y jóvenes, para tomar cartas en el asunto.
Este tipo de situaciones, aunque no siempre terminen en tragedia, dejan secuelas en la comunidad, tales como miedo, desconfianza y una sensación de abandono. La delincuencia no solo se combate desde la institucionalidad, también se enfrenta con ciudadanía activa y con una comunidad dispuesta a no normalizar la intimidación ni la violencia, mucho menos en un aula de clases.
No podemos permitir que hechos como este se repitan. No podemos resignarnos a vivir con temor en las calles, en los parques, en las escuelas. Es momento de que tanto autoridades como padres de familia, líderes comunitarios, medios de comunicación, empresarios y ciudadanos del común, cerremos filas para frenar todo hecho de inseguridad antes de que se arraigue en nuestro diario vivir.
Requiere de la acción decidida del Estado, sí, pero también de una ciudadanía vigilante y comprometida. Debemos denunciar sin miedo, exigir resultados, participar activamente en los espacios de diálogo comunitario y apoyar todas las iniciativas que fortalezcan la convivencia.
Este es un llamado urgente. La seguridad de Valledupar no es tarea exclusiva de la Policía ni del despacho del alcalde. Es un compromiso colectivo. Solo juntos podremos evitar que estos “hechos aislados” se conviertan en la nueva normalidad.
Debe tenerse en cuenta que lo que está en juego no es solo el orden público, sino el alma misma de nuestra ciudad en la que deseamos vivir tranquilos y con garantías de seguridad en todos los aspectos.
El sector educativo era uno de los pocos renglones que no había sido afectado de manera directa por el accionar de las bandas delincuenciales que tienen azotados a otros renglones de la sociedad mediante la extorsión, amenazas, hurto y demás expresiones violentas. Pero el reciente hecho deja encendidas las alarmas para que se produzcan reacciones inmediatas.






