Desde El Paso, Cesar, el juglar Náfer Santiago Durán Díaz, a sus 93 años, recién cumplidos, no ha podido pensionar a su acordeón porque cuando se lo pone en el pecho le alimenta los latidos del corazón. Tampoco lo deja porque sería como morir en vida al ser su compañero por incontables años.
El Rey Vallenato 1976, hermano de Alejo Durán, quien fue el primero en grabar una producción musical con Diomedes Díaz, yendo más allá de eso, fue declarado fuera de concurso en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1983. En esa ocasión se coronó como Rey Vallenato Julio César Rojas Buendía, siendo jurados Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López Gutiérrez y Leandro Díaz. “Como no entendía, Gabo me dijo que eso era ser un fuera de serie”, expresó.
Siguiendo en la línea musical, el hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal señaló que no sabía hacer otra cosa que tocar el acordeón porque esa fue la enseñanza que recibió desde muy niño. “Era nuestro juguete preferido”.
Él también es prolífero para componer. Tiene en su cuenta más de 80 canciones, la gran mayoría grabadas, pero sobresale una en aire de puya que siempre se interpreta en distintos festivales vallenatos. Se trata de ‘Déjala vení’. “Mi mujer me tiene un rezo, me lo aplica cada rato, tiene varios presupuestos, con el pobre del muchacho”.
De igual manera, en aquellos paseos cotidianos por distintos sectores de la geografía costeña llegó a Chimichagua, donde se enamoró de Bernarda Cervantes, y le regaló una canción que grabara Rafael Orozco con Emilio Oviedo llamada ‘La Chimichaguera’, cuyo primer verso indica: “Tierra de Chimichagua, le digo a mis amigos que no la puedo olvidar. Cuando recuerdo a mi madama, ay me dan ganas de llorar”. Enseguida señaló: “Con ella, Dios me regaló un hijo que nos quitó al poco tiempo”. La nostalgia lo sacudió y añadió: “Se parecía a mí”.
La historia de ‘Sin ti’
Después de tantas vueltas su corazón se posó en una encantadora joven a quien le compuso una célebre canción que ha recorrido todos los sentimientos de principio a fin. Se trata de ‘Sin ti’. “Con mi nota triste vengo a decirle a tu alma, lo que está sufriendo mi sincero corazón. Ya no tengo paciencia, ya no tengo calma. Solo vivo triste y loco por tu amor”.
Al recordarla y repasar la letra de su canción se quedó pensativo. Era el momento de esculcarle sobre la historia y quien lo inspiró. “Ella, quien nació en Chiriguaná, pueblo cercano a El Paso, a sus 20 años se me atravesó en el corazón y comenzamos a vivir. En cierta ocasión me fui a una larga correría. No supe de ella, pero antes de regresar le hice en Mompox, Bolívar, la canción ‘Sin ti’, que es una de mis joyas”. El maestro Náfer estaba hablando de Rosibel Escorcia Mure.
“Cuando regresé lo primero que hice fue ir a su casa y en la ventana le regalé la canción. Ella abrió la puerta y me sonrió. Luego me contó que estaba embarazada y me puse feliz. Al tiempo indicado nació nuestra hija Denia Esther”.
Esa es una obra maestra en tono menor cuando su corazón estaba en mayor, y no cabía en el pentagrama de su alma. Entonces tuvo la osadía de desafiar las notas musicales que se adaptaron a su propio sentimiento. A Rosibel, su gran amor, no le volvió a componer una canción más, sino que le regaló 12 hijos.
Pasado algún tiempo grabó la canción, y después se hicieron otras versiones, pero siempre el recuerdo lo persigue y hace que su vida siga unida a esa mujer a quien le cantó que sin ella no podía estar y hasta su corazón se desesperaba.
Continuando con el diálogo, señaló: “Esa canción me la pedía doña Consuelo Araujonoguera, y también que le contara la historia. Siempre lo hacía porque es la mamá de mis canciones, y cuando Dios me llame a su santo reino me la deben cantar”.
El Rey del tono menor ahora camina lentamente ayudado de un bastón, pero no se cansa de contar sus gestas folclóricas y se siente dichoso de pertenecer a una de las grandes dinastías de la música vallenata. Además, está orgulloso de sus hijos que continúan con el legado.
Ya no sale de su tierra, El Paso, y para eso tiene una respuesta clara y precisa. “Acá se encuentran todos mis recuerdos y por mucho que intenten huir no pueden porque están metidos dentro de un acordeón”. Enseguida preguntó: ¿cómo le parece?
Esa respuesta encierra toda su vida porque es la manera precisa para declarar el apego a ese terruño donde se marcaron sus primeros pasos, comenzó a tocar el acordeón y al lado de su familia hizo florecer el vallenato. Claro, sin dejar rezagado al amor, el mismo que resuena con firmeza dando forma a la existencia.
“Estoy por encima del bien y mal”
Náfer Durán, el hombre que cuando se pone el acordeón al pecho lo hace parecer un juguete, todavía se emociona recordando algunos cantos que son historias de su larga vida. En fin, es su propio testamento.
El viejo Náfer estuvo sentado fluctuando entre alegrías, tristezas y añoranzas, como aquella donde muchas veces estuvo en la cantina ‘El Estanquillo’, ubicada en Potrerillo, corregimiento de Chimichagua, Cesar, donde Encarnación ‘La Chón’ López le fiaba el ron que le solicitaba hasta quedar sin existencia.
Que Dios le deje “Vení” muchos años más de vida a Naferito, para que siga tocando y cantando. “Reclama la grabadora la rutina de Naferito, que se escuchara por disco su linda nota sonora. Yo soy el negro Durán, el que llaman Naferito, lo que escuchará por disco, mi música popular”.
Al llegar el momento de la despedida, agradeció tenerlo en cuenta al estar distante de Valledupar, haciendo enseguida una reflexión. “Estoy por encima del bien y mal. Soy el Rey Vallenato con mayor edad y como buen soldado le he prestado el más grande servicio a mi querido folclor”. En sus palabras se sintió la suave brisa del recuerdo, los versos armados desde su corazón y hasta las alegrías que tejieron sus sueños a través de un acordeón.
Por Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv










