El día en que Paloma renunció a su trabajo, su jefe supo que ella era hija del escritor David Sánchez Juliao. Nunca le interesó, ni en su vida estudiantil ni laboral, ser “la hija de”.
Paloma suele presentarse —sin proponérselo— por contraste: “la cachaquidad me resta”, dice, porque cuando la conocen, muchos buscan en ella a su padre. Ese choque la empuja a afirmarse desde su individualidad: diseñadora industrial, formada en el mundo corporativo, donde su apellido no era pasaporte ni pedestal, sino una identidad aparte.
Vivió en Nueva York, trabaja desde hace más de una década en mercadeo y hoy cursa una maestría en branding. Pero desde finales de 2022 empezó a pesarle el tema de su padre como un pendiente. Decidió encargarse de una obra que había permanecido en silencio.











