Nadie imaginó, mucho menos nuestros campesinos creadores del son, paseo, merengue y puya y ejecutantes de los carrizos, ocarinas y posteriormente de la guacharaca, caja y acordeón, que esa música rechazada pero contestataria a la vez iba a llegar hasta donde hoy día se encuentra.
Ese posicionamiento tiene varios fundamentos que es bueno hacerlos evidentes, entre ellos la fuerza de lo creado por nuestros gestores musicales, con los que se logró construir un lenguaje, una nueva forma de comunicarnos y una identidad de estilos en cada uno de ellos, hechos que contrastaron con todos los problemas sociales que sus creadores vivieron.
Es verdad que ellos pese a su condición social, que no fue óbice para construir esa muestra musical, buscaron el equilibrio que debe existir en toda actividad social. Al tiempo que eran reprimidos creaban una respuesta musical que le cerraba el paso a tanta inequidad por parte de los nuevos dueños de la tierra.











