Después de asumir las diferentes acepciones históricas del significado de cultura, la Unesco desde el 2006 amplía el concepto, resaltando la definición como variable transversal de todo proceso de desarrollo socioeconómico: “La cultura puede considerarse como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.
Veamos lo que se referencia en la Unesco sobre el particular: “El hombre es el medio y el fin del desarrollo… por consiguiente es el centro de gravedad del concepto de desarrollo y se ha desplazado de lo económico a lo social y hemos llegado a un punto en que esta mutación empieza a abordar lo cultural”. Esta referencia nos hace recordar las palabras de Amartya Sen cuando se le reconoció el Premio Nobel de Economía 1998: “El desarrollo será a partir del ser humano, o no será”.
En razón a esta realidad, la Unesco inicia en el 2011 un proceso de prueba, en varios países, con el fin de definir lo que ha llamado ‘Batería de Indicadores Unesco en Cultura para el Desarrollo’, orientada a medir la contribución de la cultura a los procesos de desarrollo a nivel nacional. Son 22 indicadores que responden a 7 dimensiones: economía, educación, patrimonio, comunicación, instituciones y gobernanza, participación y cohesión social e igualdad de género. Este ejercicio se realizó en Colombia en el 2011 bajo la responsabilidad del Ministerio de Cultura, de cuya actualización no tenemos conocimiento. Estas dimensiones de la Batería de Indicadores Culturales demuestran cómo la cultura incide en la economía de un país. De ahí la importancia de incluir la cultura como un plano adicional en un modelo de desarrollo endógeno.











