“Cuando las flores del cañaguate abren sus envolturas, la belleza de su colorido ropaje oculta los demás colores. El amarillo encendido es la esencia de la luz. En los ciegos es el último color que se aleja de su retina. En la pintura, el amarillo es un color primario, al igual que el rojo y azul; es cálido, y da la impresión de que avanza hacia el espectador y le transmite una sensación de cercanía. Detenerse a observar un cañaguate florecido es levitar en la magia de la luz”.
Con el anterior párrafo describe el profesor, escritor, poeta y columnista de esta casa editorial José Atuesta Mindiola a ese árbol que cada verano adorna con sus flores el paisaje vegetal de Valledupar y sus alrededores.
Y es precisamente la flor del cañaguate la fuente de inspiración y temática de la exposición que lleva su nombre y que viste de amarillo desde hace una semana la sede principal de la Alianza Francesa en la capital del Cesar la cual estará expuesta hasta finales de marzo.











