A Emiro Zuleta Calderón pocos lo conocen en La Paz, la tierra donde nació, su pueblo, “con sus calles raras,” mucho menos en Valledupar. En Bogotá vive hace más de sesenta años cuando llegó de Barranquilla donde había ido a estudiar con mucho esfuerzo y con el fruto de una carga de madera que vendió después de recogerla en la Finca La Envidia, de propiedad de su familia en la misma tierra de los hermanos López dinastía de juglares vallenatos.
“Aquí yo traigo este bonito son, que me salió cuando menos pensaba pa´ que lo toquen en acordeón a La Paz con nota refinada. La paz es mi pueblo con sus calles raras donde tanto tiempo alla cante ‘e madrugá y cuando el Rio Mocho está con aguas tranquilas, se ven parpadeante allá los días de fatiga”.
“Estuve un mes completo en la finca en la recolección de cinco burros de leña, fruto de un árbol que se llamaba Brasil y esas las vendí a un comerciante santandereano de La Paz, de apellidos Uribe Correa. Con ese dinero me fui a estudiar a Barranquilla.” Su hermana mayor, quien trabajaba en Valledupar, también lo ayudó.











