El mito de Ulises y las sirenas es emblemático y paradigmático de la comprensión y significado de la libertad humana. Allí, como en ningún otro mito, se expresa aquello que Lázaro Flury, citado por Gutiérrez Hinojosa, califica como que “constituye el cuerpo de una mística empírica destinada a preservar una moral temporal conforme a las estructuras sociales del medio”; para lo cual, dice el último mencionado, deben entenderse y comprenderse como “normas que constituyen una filosofía sencilla”, donde la lógica y la razón parecieran estar ausentes por el dominio de la magia y la leyenda constituida en “códigos” 1.
Por ello, tiene toda la razón el gran historiador, abogado y vallenatólogo Ciro Quiroz Otero, quien con enjundia y sensibilidad sociológica, afirma que los Mitos “fueron en sus inicios imperativos sociales en función, propósito y logros frente al universo, una especie ligera de lo cual se derivó el derecho positivo en versiones reguladoras” 2.
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