La práctica de consumir pescado durante los días centrales de la Semana Santa, especialmente el Jueves y Viernes Santo, tiene profundas raíces en la tradición católica. Según el profesor en Filosofía y Teología, Francisco Elías Martínez, “la Iglesia hace que nosotros, como cristianos católicos, nos unamos al sacrificio de Cristo a través del ayuno, la limosna y la oración. El ayuno es parte de ese ofrecimiento que se hace durante la Cuaresma para desembocar en la Pascua cristiana”.
Esta abstinencia de carnes rojas y blancas simboliza un homenaje al dolor de Jesús durante su crucifixión, como explica Martínez: “No se consumen estas carnes porque se considera que son de sangre caliente, mientras que el pescado, de sangre fría, es el alimento más aceptable para el ayuno cuaresmal”.
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