Fiesta de las Mercedes
Los cientos de invitados al acto de celebración de la fiesta de la Virgen de las Mercedes llegaron puntuales. Nadie mandó excusa y ni modo porque todos estaban en el mismo lugar, la Cárcel Judicial de Valledupar.
Después de la misa donde se exaltó el amor de Dios y el perdón sobre todas las cosas, los reclusos en su día, recibieron un regalo de notas vallenatas que entregó el Rey Vallenato, Almes Granados.
Antes de que el soberano del acordeón comenzara su concierto, una joven morena, vestida de pantalón blanco y blusa roja, estaba a la espera de ingresar al centro de reclusión para visitar por primera vez a su gran amor que había sido privado de la libertad, por un delito que ella se negó a divulgar.
Estaba nerviosa porque era dueña de dos sentimientos, tristeza y alegría, que cuando se encuentran le producen al corazón un corto circuito, porque no sabe para que lado inclinarse.
Ella logró entrar a ese mundo desconocido donde el espacio es pequeño y las penas suman incontables años, pero lo importante era tener de frente al hombre que a pesar de su error lo había perdonado, antes de que el juez dijera lo contrario en su sentencia.
El calor era sofocante, 10:20 de la mañana del sábado 24 de septiembre cuando Almes abrió su acordeón y comenzó a interpretar ‘La creciente’:
“Un grande nubarrón se alza en el cielo,
ya se aproxima una fuerte tormenta,
ya llega la mujer que yo más quiero
, por la que me desespero
y hasta pierdo la cabeza”.






