Tres ‘don juanes’ han ocupado el solio de los presidentes de Colombia: Simón Bolivar, Tomás Cipriano de Mosquera y Rafael Núñez Moledo. Cada uno de ellos empleó su propio estilo con las damas de balcones, de salones y aposentos. Un tinte poético le ponía Rafael Núñez a cada uno de sus logros.
Las frases sensitivas de un iluminado bardo le abrieron las ventanas de más una dama embebida por el fuego fosforescente de un soneto. El poder de su fina pluma disimulaba la fealdad del poeta. Núñez era desgarbado, de barba hirsuta y mirar acerado de aguilucho que le daba parecido a un judío de Oriente, según lo describe Ignacio Arizmendi Posada.
Otro vate caribe, Joaquin Pablo Posada, en sus Camafeos anotaba: “Para que a Rafael /conozcas cuando lo veas /tiene tres cosas muy feas / la boca, la mano y él”.











