Si fueron sindicadas, condenadas, con culpabilidad o sin ella, era lo que menos importaba en el momento; ellas sólo querían disfrutar de ese espacio que celebran cada año, muy aparte de los detalles que, como entidad, les ofrece la Alcaldía de Valledupar.
Las rosas, los mariachis, las motivaciones por parte de un experto en el tema y las canciones que alaban y enaltecen a la mujer, les hicieron recordar que ellas también lo son, muy por encima de las críticas y concepto de juicio o valor y los castigos a los que fueron sometidas, que les recuerdan que están privadas de la libertad.
Sin embargo, se sentían felices – no lo disimulaban-; al unísono tarareaban la canción del guatelmateco Ricardo Arjona, ‘Mujeres’, voces que llegaban hasta las afueras de la tan conocida Cárcel Judicial; aquella que, en medio de dificultades, las acogía en un pabellón que resplandecía de la limpieza de los cuartos y de la elegancia de las damas que no querían dejar pasar desapercibida esa fecha.






