No había terminado de arribar la vieja renoleta12, cuando Diomedes salió a alcanzarlos con tanta emoción, como en el súbito encuentro de tres grandes amigos, después de tantos años. Luego de socializar algunos conceptos musicales en la residencia de Luis Manuel Hinojosa, cuya tertulia convocó a algunos connotados folcloristas de la región, el hijo de ‘Mama Vila’ se precipitó a ‘Pático’ Gámez: “Ajá, compadre, y usted… ¿Qué piensa de esta unión?” Como excelso pronóstico, y con la chispa peculiar del sanjuanero, se despachó el aludido: “Vea Cacique, si ustedes graban, serán el copito del vallenato”, emitiendo sonora carcajada, al tiempo de estrecharlo en un fuerte abrazo, respondió Diomedes: “Que así sea, compadre” Y así fue. Hoy sabe la historia que las profecías de ‘Pático’ Gámez, como la de otros versados del género, no solo se cumplieron, sino que ocurrieron en proporciones tan formidables, como jamás volvería a ocurrir en el universo vallenato.
LA JUVENTUD DE ‘JUANCHO’
Miguel Gámez, es un afable comerciante con quien ‘Juancho’ Rois compartió profusamente instantes de juventud. Su condición de hombre franco y receptivo, promueve un diálogo fácil y reposado que permite al suscrito regodearse en sus líricas pesquisas. Así, escudriñando sus vagas memorias, entre trago y trago, comienza a relatarme fascinantes anécdotas. Cuenta que en épocas colegiales la mayoría de los amigos de ‘La Flotica’ coincidían en el quiosco de don Mauricio, ubicado a un costado del parque Santander.











