Por Juan Rincón Vanegas
Desde que fue sepultado el artista Diomedes Díaz en el cementerio Jardines del Ecce Homo, en Valledupar, la tranquilidad del lugar no es la misma porque llegó un nuevo ‘residente’ con una gran cantidad de seguidores.
Ahora, es frecuente escuchar su música a toda hora porque de todas partes llegan a visitar la tumba del artista, la famosa 1108, la que ha traído hasta buena suerte para muchos apostadores del chance.
Cuando se le pregunta a uno de los jardineros sobre los cambios sucedidos desde la tarde del 25 de diciembre de 2013, cuando fue sepultado el artista, reconoce que la dinámica en el camposanto cambió del cielo a la tierra.
“Desde el día que fue enterrado, la tumba de Diomedes se convirtió en la más visitada. Así como la gente acudía en masa a sus espectáculos, así pasa ahora con su tumba. Eso es asombroso”. Y sigue anotando: “En el tiempo que tengo de trabajar acá, no había visto eso. Diariamente, es el muerto más visitado, se nota que lo extrañan mucho porque le traen flores, le rezan, y además, le ponen su música”.
Visitantes excéntricos






